La crisis del sistema científico argentino se agudiza bajo el gobierno de Javier Milei, con la pérdida de miles de empleos y un drástico recorte en el financiamiento.
Desde la llegada de Javier Milei a la presidencia de Argentina, el sistema científico y tecnológico del país ha enfrentado su crisis más severa desde el retorno a la democracia. En un periodo de dos años, se han eliminado 5.701 puestos de trabajo en el sector, lo que se traduce en una alarmante pérdida de 7,5 científicos diarios, según el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (Ciicti). Esta situación ha llevado a muchos investigadores a buscar trabajos alternativos para sobrevivir, como manejar Uber o realizar trabajos manuales.
Los salarios de los investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), que es fundamental para el sistema científico argentino, han sufrido una caída del 39,9% desde noviembre de 2023. Para recuperar el poder adquisitivo que tenían al inicio del mandato de Milei, los investigadores necesitarían un aumento nominal del 66,4%. Un investigador anónimo del Conicet reveló que su salario mensual es de 1.9 millones de pesos, apenas por encima del umbral de pobreza en el país.
Leonardo Amarilla, un genetista que investiga el rendimiento de cultivos, ha comenzado a trabajar como conductor de Uber para complementar su ingreso. “Trabajo entre 12 y 13 horas al día. Estoy agotado. Esto afecta la calidad de mi investigación y de mi docencia”, comentó a The Guardian. La situación se complica aún más con la falta de financiamiento para proyectos de investigación, lo que ha llevado a muchos a recurrir a la piratería de revistas científicas para acceder a información vital para su trabajo.
El presupuesto proyectado para la función Ciencia y Técnica en 2026 prevé un recorte del 50,8% en términos reales respecto a 2023, lo que representará solo el 0,14% del Producto Bruto Interno (PBI), un mínimo histórico. En comparación, la ley de financiamiento vigente antes de la llegada de Milei preveía una inversión del 0,52% del PBI para el mismo año. El Conicet enfrentará una reducción adicional del 18,2% en 2026, acumulando una caída del 42,2% en tres años.
La fuga de cerebros se ha intensificado, con un éxodo masivo de investigadores y estudiantes de posgrado hacia países como Brasil y Chile, donde las condiciones de trabajo y financiamiento son más favorables. Ana Vivinetto, doctora en neurociencias, ha optado por establecerse en Chile, donde recibe un subsidio de 30.000 dólares anuales, en lugar de regresar a Argentina para reactivar su laboratorio.
El exministro de Ciencia y Tecnología, Daniel Filmus, atribuye esta crisis a una combinación de ideologías que desestiman la importancia de la ciencia, incluyendo la influencia de la escuela económica austríaca que promueve el financiamiento privado de la ciencia y un modelo económico que no valora la investigación. La situación actual plantea un desafío significativo para el futuro de la ciencia en Argentina, con la advertencia de que el deterioro podría ser irreversible sin un cambio en la política gubernamental.

