Un estudio reciente sugiere que la aspirina podría ser clave para reducir el riesgo de cáncer en personas con predisposición genética, específicamente aquellas con síndrome de Lynch.
Nick James, un fabricante de muebles británico de 40 años, se unió a un ensayo clínico tras descubrir que portaba un gen defectuoso relacionado con el síndrome de Lynch, que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar cáncer, especialmente cáncer de colon. La preocupación de James surgió tras la muerte de su madre por esta enfermedad y el diagnóstico de cáncer en su hermano y otros familiares. Al enterarse de su condición genética, decidió participar en un estudio que evaluaba el efecto de la aspirina en la prevención del cáncer.
“Ha estado tomando aspirina con nosotros durante 10 años sin presentar cáncer hasta ahora”, afirmó John Burn, profesor de genética clínica en la Universidad de Newcastle y líder del estudio. Este ensayo se centra en la administración de una dosis diaria de aspirina para determinar su eficacia en la protección contra el cáncer. La BBC reporta que existe evidencia acumulada que sugiere que la aspirina puede disminuir las probabilidades de que el cáncer colorrectal se desarrolle o se propague.
En el último año, varios estudios han reforzado esta hipótesis, llevando a algunos países a actualizar sus guías médicas para incluir la aspirina como una opción de primera línea para personas con alto riesgo de cáncer, aunque se enfatiza que su uso debe ser supervisado por un médico.
La aspirina, un medicamento del grupo de los salicilatos, actúa bloqueando sustancias que causan fiebre, dolor e inflamación, y se utiliza comúnmente para prevenir enfermedades cardiovasculares. Además, se ha utilizado en el tratamiento de diversas condiciones, como la fiebre reumática y la enfermedad de Kawasaki.
El interés en la aspirina como posible preventivo del cáncer no es nuevo; en 1972, se realizaron estudios en ratones que mostraron que la aspirina podía reducir la propagación del cáncer. Sin embargo, la aplicación de estos hallazgos en humanos no fue clara en ese momento. Un avance significativo ocurrió en 2010, cuando el profesor Peter Rothwell reanalizó datos sobre el uso de aspirina y encontró que podría reducir tanto la aparición como la propagación del cáncer, lo que reavivó el interés en su potencial.
El estudio de John Burn, publicado en 2020, involucró a 861 participantes y mostró que aquellos que tomaron 600 mg diarios de aspirina durante al menos dos años redujeron a la mitad su riesgo de cáncer colorrectal. Un segundo ensayo sugiere que dosis más bajas, entre 75 y 100 mg, podrían ser igual de efectivas, con menos efectos secundarios.
La aspirina parece funcionar al inhibir la enzima Cox-2, que está relacionada con el crecimiento celular descontrolado, y al bloquear el tromboxano A2, lo que podría hacer que las células cancerosas sean más visibles para el sistema inmunológico. A pesar de los prometedores resultados, la investigación sobre la aspirina como una herramienta contra el cáncer continúa, y la discusión se centra en si su uso debería extenderse a la población general o mantenerse en grupos específicos de alto riesgo.
