La posible incorporación de cazas F-16 a la flota militar de Perú ha generado un intenso debate estratégico en la región, alineándose con los movimientos de Chile y Argentina en el ámbito de defensa aérea. Aunque el gobierno peruano aún no ha hecho un anuncio oficial sobre la selección de este modelo, las negociaciones avanzadas y el proceso técnico en curso han suscitado discusiones sobre un posible alineamiento regional en materia de defensa.
Delegados de Lockheed Martin, la empresa estadounidense fabricante de los F-16 Block 70, han mantenido reuniones en el Ministerio de Defensa de Perú para presentar su propuesta de compensaciones industriales y sociales, en cumplimiento del Programa Offset exigido por la legislación peruana. Según información de BioBioChile, la propuesta incluye la venta de 12 cazas F-16 Block 70 por un total de 3.420 millones de dólares, aunque la Fuerza Aérea del Perú (FAP) ha expresado su preferencia por un escuadrón de 24 unidades, con un costo estimado de hasta 3.500 millones de dólares.
Las reuniones, que se llevaron a cabo entre el 24 y el 26 de marzo, contaron con la participación de altos directivos de Lockheed Martin, como Shawn Douglas Racz y Jimmy García, así como asesores peruanos, incluyendo a Néstor Huaco Onari. Los temas tratados incluyeron la transferencia tecnológica, la coproducción de componentes y la integración de empresas nacionales, en línea con las directrices del renovado Programa Offset, publicado en febrero de 2026.
El coronel FAP (r) Armando Pomar Galdós, director de Compensaciones Industriales y Sociales, ha liderado la evaluación de las propuestas, mientras que la presencia de expertos en contrataciones internacionales resalta la magnitud de esta operación, considerada la más importante para Perú en materia militar en las últimas cuatro décadas. La legislación peruana exige que los contratos de adquisición militar incluyan transferencia tecnológica, participación industrial local y proyectos sociales asociados, lo que ha sido un factor clave en negociaciones anteriores, como la compra de fusiles Arad 7 a Israel y blindados White Tiger a Hyundai Rotem.
En el caso de los F-16, el contrato final deberá asegurar la inclusión progresiva de empresas peruanas en actividades de ensamblaje, mantenimiento y soporte técnico. Además, la empresa adjudicataria debe presentar un proyecto de compensación que contemple el desarrollo de nuevas tecnologías junto a socios nacionales, conforme a la Resolución Ministerial N°00176-2026-DE.
A pesar del avance en las negociaciones, la decisión final aún no ha sido comunicada oficialmente por el gobierno de José María Balcázar. El proceso sigue en evaluación técnica y la Contraloría General de la República tiene la última palabra. El analista político Julio Schiappa ha señalado que “no hay contrato firmado, el proceso sigue en evaluación técnica y la Contraloría aún tiene la última palabra”.
El debate sobre la compra de los F-16 ha adquirido un matiz político en un año electoral crucial para Perú. El presidente interino José María Balcázar generó controversia al afirmar en una entrevista que la decisión de adquirir los F-16 ya estaba tomada, atribuyendo el acuerdo al gobierno anterior de José Jerí. Sin embargo, horas después, el Ejecutivo rectificó, aclarando que la adquisición aún está en trámite. Schiappa ha cuestionado la legitimidad de que un gobierno de transición tome decisiones de tal envergadura, afirmando que “un gobierno de transición o de salida no tiene la legitimidad política ni la estabilidad necesaria para hipotecar el futuro de la defensa nacional”.
El próximo presidente de Perú, que asumirá el 28 de julio de 2026, deberá decidir sobre la compra, considerando si el F-16 es la mejor opción para la soberanía nacional o si el país necesita una independencia tecnológica que lo proteja de presiones geopolíticas. El mayor general FAP (r) Fernando Ordóñez Velásquez ha indicado que la decisión debe basarse en tres criterios: necesidad, oportunidad y costo-beneficio, subrayando que la adquisición de los F-16 es solo una parte de un sistema de defensa integral.
La modernización de la flota aérea en Sudamérica, que incluye la posible compra de F-16 por parte de Perú, se enmarca en una tendencia regional donde Chile y Argentina han realizado avances significativos. Chile cuenta actualmente con cerca de 46 F-16, adquiridos en diversas versiones en las últimas dos décadas, mientras que Argentina ha formalizado la compra de 24 cazas F-16 Fighting Falcon provenientes de Dinamarca por 940 millones de dólares.
El proceso de compra de los F-16 se desarrolla en un contexto electoral, con elecciones generales programadas para el 12 de abril. La administración de Balcázar ha enfrentado críticas por la falta de transparencia en el proceso y la urgencia de cerrar acuerdos antes del cambio de mando. Las encuestas reflejan una polarización en la opinión pública respecto a la compra de armamento y la política de defensa, mientras que los principales candidatos presidenciales han adoptado un enfoque cauteloso en sus declaraciones sobre el tema.
Además, el general Ordóñez Velásquez ha recordado que Perú está coproduciendo partes y componentes del FA-50, un avión de caza ligero de Corea del Sur, lo que podría facilitar la integración tecnológica y la transferencia de conocimientos en futuros acuerdos. La decisión sobre la compra de los F-16 representa tanto una oportunidad para fortalecer la defensa nacional como un desafío político y presupuestario que marcará la agenda del próximo gobierno peruano.

