El exparlamentario galés Nathan Gill ha sido condenado a 10 años y seis meses de prisión tras admitir ante el Tribunal Penal Central del Reino Unido que aceptó pagos de contactos vinculados a Rusia. La sentencia se dictó en virtud de la Sección 2 de la Ley Antisoborno de 2010.
Gill, quien fue eurodiputado entre 2014 y 2020, reconoció su culpabilidad en ocho cargos relacionados con la recepción de dinero entre diciembre de 2018 y julio de 2019. Durante este tiempo, la fiscalía argumentó que Gill incluyó mensajes prorrusos en sus declaraciones oficiales, lo que quedó documentado en diversas intervenciones públicas y comunicaciones internas.
La investigación reveló que Oleg Voloshyn, un exmiembro del Parlamento de Ucrania, fue quien coordinó los pagos a Gill. Además, el expediente judicial mencionó a Victor Medvedchuk, líder del partido ucraniano Plataforma de Oposición por la Vida, como el presunto financista del esquema. Gill conoció a ambos a través de su participación en el foro mediático “Ucrania 112”.
La detención de Gill tuvo lugar en 2021 en el aeropuerto de Mánchester. Un análisis forense de su teléfono móvil permitió documentar intercambios de mensajes entre él y Voloshyn, así como con Medvedchuk, lo que fortaleció las pruebas en su contra.
Uno de los cargos en su contra indicaba que Gill había coordinado entrevistas con eurodiputados de diversas regiones de Inglaterra y un parlamentario alemán para el canal Ucrania 112, siguiendo un guion elaborado por Voloshyn, a cambio de un pago de 5.000 euros. Otro cargo especificó que se le ofreció una suma adicional de 2.000 euros para emitir comentarios críticos hacia el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy y favorables a Medvedchuk durante una entrevista.
Durante la lectura de la sentencia, la jueza del caso subrayó la importancia de mantener un criterio independiente en el ejercicio de cargos representativos, afirmando que las acciones de Gill violaron los estándares requeridos para quienes ocupan funciones públicas.
La condena de Gill resalta la creciente preocupación por la influencia extranjera en la política europea y la necesidad de salvaguardar la integridad de las instituciones democráticas.

