Marte, con su rica historia geológica llena de enigmas, presenta una oportunidad excepcional para investigar los procesos que han dado forma a los planetas rocosos. Su estructura interna, compuesta por un núcleo, manto y corteza desde las primeras etapas de su existencia, contiene pistas sobre la evolución del sistema solar. Parte de este conocimiento proviene de meteoritos marcianos que han llegado a la Tierra tras ser expulsados del planeta rojo por impactos ocurridos hace millones de años. Un estudio reciente publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, liderado por investigadores del Lawrence Livermore Laboratory (LLNL), utilizó estas muestras para proponer modelos sobre la diferenciación temprana de Marte.
Diferenciación temprana: reservorios
En los primeros momentos de su historia, aproximadamente hace 4.52 mil millones de años, Marte experimentó la formación de un océano de magma, un fenómeno común en los planetas recién formados. A medida que este magma se enfriaba y solidificaba, se formaron las distintas capas químicas del manto marciano. Las composiciones de las rocas conocidas como shergottitas reflejan este proceso, mostrando que se enriquecieron y empobrecieron en ciertos elementos químicos, los cuales permanecieron aislados durante miles de años. Según el estudio, “Las características isotópicas sugieren que se diferenció tempranamente, lo que fue primordial hasta la producción parental”. Esto implica que, a diferencia de la Tierra, Marte no experimentó tectónica de placas ni movimientos significativos en sus etapas iniciales, lo que permitió que sus características permanecieran casi intactas, en contraste con tipos de rocas como nakhlitas y chassignitas, que son más complejas.
Modificaciones geológicas
Algunas de estas rocas han sido modificadas por fenómenos de metasomatismo, es decir, por la interacción química entre fluidos ricos, lo que podría indicar que ciertas regiones de Marte estuvieron activas durante un tiempo. Lars Borg, investigador del LLNL y uno de los autores del estudio, subrayó la necesidad de comprender si las diferencias observadas son globales o simplemente anomalías locales, lo que es un objetivo central de las misiones actuales.
La composición del manto: revelaciones
La composición del manto marciano es clave para entender el planeta. Sin embargo, interpretar los datos siempre es un desafío. Por ejemplo, los isótopos de samario (Sm) y neodimio (Nd) provienen de procesos que probablemente son el resultado de la fusión y cristalización tempranas en Marte. Estos procesos geológicos son distintos de los que se observan en la Tierra. En cambio, los isótopos presentan características que indican que se originaron en zonas con condiciones menos extremas, lo que sugiere que no hubo un proceso uniforme, sino que varias regiones evolucionaron de maneras diferentes. Los científicos señalan que, aunque estos datos ofrecen información valiosa, no proporcionan una visión completa del manto marciano.
Muestras directas: un modelo unificado
Como explica el equipo del LLNL, se requiere la recolección de muestras directas para confirmar que son representativas de Marte. Aunque se han logrado avances significativos, existen limitaciones importantes. Las muestras disponibles suelen ser pequeñas, del tamaño de la punta de un dedo pulgar, lo que dificulta la extrapolación de datos completos. “Utilizamos muestras a menudo del tamaño de un pulgar, pero no podemos predecir la existencia del Himalaya a partir de una muestra recogida en una cuenca oceánica”, comentó un investigador, haciendo referencia a las limitaciones actuales. El retorno de muestras que acumula actualmente el rover Perseverance en el cráter Jezero promete revolucionar la comprensión de Marte. Estas muestras permitirán vincular y validar los datos existentes y ayudarán a construir nuevos modelos. Además, arrojarán luz sobre cómo se formaron y evolucionaron los mundos circundantes.

