Los perros, como compañeros leales, tienen una notable capacidad para adaptarse a la vida humana. Sin embargo, incluso los más tolerantes pueden experimentar incomodidades debido a ciertos hábitos cotidianos que muchos dueños no reconocen. Desde gestos que pueden ser percibidos como amenazas hasta la falta de respeto por su naturaleza exploradora, estas acciones pueden afectar su bienestar. Aunque a menudo toleran molestias gracias al vínculo que los une a sus dueños, es fundamental comprender qué es lo que realmente les incomoda para fortalecer la relación con ellos. A continuación, la revista Pets menciona prácticas comunes que, aunque realizadas con buena intención, podrían estar causando incomodidad a tu mascota.
1. El lenguaje de los abrazos
Para los humanos, un abrazo es sinónimo de cercanía, afecto y seguridad. Sin embargo, para los perros, rodear su cuerpo o cuello con los brazos puede ser interpretado como una amenaza. Esta reacción tiene raíces profundas en su instinto natural: en la interacción entre perros, un gesto envolvente suele estar asociado con posturas de dominancia o agresión. Por ello, la mayoría de los perros experimenta incomodidad cuando un humano los abraza, especialmente si no tienen una relación cercana con esa persona. Algunos perros pueden tolerar este gesto si tienen una fuerte confianza en su dueño, lo que significa que pueden disfrutarlo. Sin embargo, incluso aquellos que lo toleran pueden experimentar una reacción negativa, manifestando estrés interno. Las señales corporales que indican que un abrazo no es bien recibido incluyen orejas hacia atrás, rigidez y el intento de apartarse. En lugar de abrazarlos, los expertos sugieren demostrar afecto de maneras más naturales, como acariciar suavemente su espalda o pecho. Además, permitir que se acerquen por iniciativa propia refuerza su sentido de seguridad y confianza.
2. Gritos y castigos severos
Los perros no entienden el lenguaje verbal de la misma manera que los humanos, pero son maestros en interpretar nuestras emociones. Cuando un dueño eleva la voz o utiliza un tono de enojo, el perro no comprende las palabras, pero sí percibe la intensidad emocional, asociándola con miedo e inseguridad. En lugar de corregir conductas indeseadas, los gritos tienden a asustarlos y generar confusión, lo que deteriora la relación entre el animal y su cuidador. Un perro expuesto regularmente a gritos puede desarrollar ansiedad, retraimiento y comportamientos defensivos, como gruñidos o miedos excesivos. Esta respuesta dificulta el aprendizaje, ya que el perro se enfoca en evitar el castigo en lugar de aprender lo que se espera de él. Los especialistas en comportamiento canino recomiendan métodos de refuerzo positivo como alternativa a los gritos. En lugar de gritar, se sugiere premiar las conductas deseadas con caricias, palabras amables o pequeños premios, creando una asociación entre la acción correcta y un resultado placentero. En casos persistentes, el apoyo de un adiestrador profesional puede marcar la diferencia sin comprometer el bienestar del perro.
3. El poder del olfato
El olfato es mucho más que un simple sentido para los perros; es su principal herramienta para explorar, comprender e interactuar con su entorno. Mientras que los humanos dependemos de la vista para recolectar información, los perros utilizan su nariz para descifrar cada detalle que los rodea. Restringir su capacidad de olfatear durante las caminatas no solo limita su disfrute, sino que también puede causar frustración y estrés. Cada árbol, poste o esquina representa una especie de “red social” que les permite descubrir quién pasó antes y cuál es su estado emocional. Tirar de la correa para apresurarlos a caminar puede resultar tan molesto para ellos como caminar con los ojos vendados. Para lograr un equilibrio entre sus necesidades y las limitaciones del entorno urbano, se recomienda planificar paseos en áreas menos transitadas donde puedan explorar libremente. Respetar su ritmo natural y su necesidad de olfatear mejora su calidad de vida.
4. Espacio personal
Los perros son animales sociales que disfrutan de la compañía, pero también necesitan un límite claro en cuanto al espacio personal. Al igual que los humanos, requieren mantener una distancia segura para sentirse cómodos. Acciones como poner las manos en su cara, inclinarse sobre ellos o acercarse bruscamente pueden ser interpretadas como invasivas, generando temor. Esta reacción tiene raíces ancestrales, ya que en la naturaleza, la invasión del espacio personal puede llevar a conflictos dentro de la manada. Los perros nerviosos o tímidos son particularmente sensibles y pueden reaccionar con señales defensivas, como gruñidos o intentos de esconderse. Para evitar incomodarlos, es importante permitir que ellos decidan cuándo y cómo interactuar. Acercarse de manera calmada y ofrecer la mano para que puedan olfatear antes de tocarlos ayuda a establecer confianza. Evitar movimientos repentinos y mantener una actitud relajada es crucial, y es importante enseñar a los niños a respetar estos límites, ya que a menudo su curiosidad y entusiasmo pueden llevar a interacciones abruptas.
5. La soledad
Los perros son altamente sociables y prosperan en entornos donde hay compañía y comunicación. Ser ignorados o dejados solos durante largos períodos puede resultar incómodo y convertirse en una fuente significativa de problemas. Uno de los problemas derivados de la separación es el trastorno por ansiedad, que se manifiesta en ladridos excesivos, destrucción de objetos, intentos de escape y signos físicos como pérdida de apetito o temblores. Un perro puede sentirse desesperado al afrontar la angustia de estar separado de su dueño. Además, el nivel de horas de convivencia es crucial. Ignorar sus intentos de buscar atención, ya sea para jugar o simplemente recibir afecto, puede hacer que se sientan desvalorizados. Paseos regulares, sesiones de juego y dedicar tiempo a acariciarlos y hablarles de manera tranquila son estrategias efectivas para que no sientan esa soledad.
6. Ropa
La mayoría de los perros detestan usar ropa. Aunque vestir a un perro puede parecer una idea funcional, para ellos puede resultar una experiencia incómoda y poco natural. Aunque algunos dueños piensan que la ropa les proporciona protección, en realidad muchos perros encuentran estas prendas irritantes y estresantes. Las señales de incomodidad incluyen sacudidas de cabeza y mordiscos a la prenda para intentar quitársela, lo que indica que no se sienten cómodos. Aquellos que muestran evidentes molestias pueden experimentar estrés y limitaciones en su movimiento. Es importante observar cómo reacciona un perro ante cualquier prenda. Si intenta quitársela, es mejor no insistir. Si es absolutamente necesario utilizar ropa, se recomienda introducir gradualmente el accesorio y asociarlo con experiencias positivas, como juegos y recompensas, para ayudar a minimizar la resistencia.

