Johanna Soto Leiva, kinesióloga chilena, ha transformado su vida en París, donde se mudó en 2020 por amor, enfrentando desafíos inesperados debido a la pandemia de COVID-19. Originaria de Valparaíso, Johanna llegó a la capital francesa para reunirse con su pareja, Alexis, un francés con raíces chilenas, con quien planea casarse y formar una familia.
El viaje de Johanna estaba programado para abril de 2020, pero el cierre de fronteras por la pandemia retrasó su llegada. Finalmente, logró viajar siete meses después, aunque tuvo que cambiar de profesión, ya que la validación de su título de kinesióloga no es posible en Francia. “Yo sabía que en Francia no iba a poder trabajar como kinesióloga, porque ninguna profesión del área de la salud tiene validación”, comentó en una entrevista con BioBioChile.
A pesar de los obstáculos iniciales, Johanna se adaptó a su nueva vida en París y dio a luz a su hija, Trinidad. Para compartir su experiencia en la ciudad, creó una cuenta de Instagram llamada “Vive Paris Voilà”, donde comenzó a mostrar los encantos de la capital francesa. Su hobby se convirtió en una fuente de ingresos, ya que muchos chilenos comenzaron a pedirle consejos sobre la ciudad. “Quería mostrar los monumentos y también las cafeterías, restaurantes, cosas entretenidas y bonitas, además de los museos que también hay muchos”, explicó.
Johanna se dedicó a aprender sobre la historia cultural de París, y aunque al principio no hablaba francés, su interés por la ciudad la llevó a profundizar en su conocimiento. Sin embargo, su llegada coincidió con el periodo más estricto de confinamiento, lo que limitó sus oportunidades de socialización. Con el tiempo, logró adaptarse a la vida parisina.
En cuanto a la cultura local, Johanna describe a los franceses como “supercerrados” y “bien apáticos”, comparando su experiencia en París con la de los santiaguinos en Chile. “Me llama la atención la poca cercanía y el poco afecto que puede haber”, reflexionó. Además, destacó que en París, la gente tiende a comer fuera, ya que las viviendas son pequeñas y no se cocina mucho en casa.
El clima también es un factor a considerar para quienes visitan la ciudad, con inviernos fríos y veranos calurosos, y muchas viviendas carecen de aire acondicionado. Por otro lado, Johanna expresó su preocupación por la crisis en el sistema educativo francés, donde los salarios de los profesores están por debajo de la media de la OCDE, lo que ha llevado a un éxodo de docentes. “La calidad de la educación ha ido disminuyendo”, comentó.
Entre sus recomendaciones para los visitantes, Johanna sugiere navegar por el Río Sena y visitar el Palacio de Versalles, un lugar emblemático que se encuentra a 19 kilómetros de París. A pesar de su amor por la ciudad, Johanna se muestra cautelosa sobre regresar a Chile, especialmente ahora que su hija está en la escuela y aprendiendo tanto francés como español. “Es difícil considerar volver a Chile”, afirmó, aunque reconoce que el futuro es incierto.
Johanna Soto ha encontrado en París un hogar y una nueva vida, disfrutando de la historia y la cultura de la ciudad, que describe como “un museo a cielo abierto”.

