A los 25 años, Hania, una joven paquistaní residente en Chile, ha compartido su experiencia sobre el uso del velo islámico y su decisión de quitárselo, desafiando las expectativas familiares.
Hania llegó a Chile a los 12 años, junto a su familia, para reunirse con su padre, quien había emigrado una década antes. En una conversación con BioBioChile, la joven relató que su familia decidió migrar en busca de un futuro mejor, impulsados por la recomendación de un amigo de su padre sobre las oportunidades económicas en el país. Sin embargo, su llegada a una cultura tan diferente fue un desafío significativo.
Al recordar su llegada, Hania mencionó que se sintió impactada por las costumbres chilenas, como ver a personas besándose en público, algo que nunca había presenciado antes. También se sorprendió por la vestimenta y la dieta local, especialmente al ver a personas usando shorts y consumiendo cerdo, un alimento que en su cultura se considera impuro.
El mayor reto para Hania fue la adaptación social en el colegio, donde experimentó un fuerte rechazo por parte de sus compañeros, quienes no la recibieron con la curiosidad que ella esperaba. A pesar de que los adultos chilenos mostraron interés y respeto por su cultura, la joven enfrentó barreras significativas debido a su forma de vestir, su religión y el idioma, que le dificultaron la comunicación y la integración.
Uno de los aspectos más destacados de su experiencia fue el uso del hijab, que comenzó a llevar desde su llegada a Chile. Hania explicó que, aunque el velo es considerado por muchos como una obligación en el islam, ella comenzó a sentir que esta prenda la definía antes de que los demás la conocieran como persona. A lo largo de los años, el sentimiento de ser etiquetada como “la niña del velo” la frustró, especialmente al entrar a su Bachillerato en Ciencias en 2019.
Durante la pandemia de covid-19, Hania tuvo tiempo para reflexionar sobre su identidad y su deseo de ser vista más allá de una etiqueta. Decidió hablar con sus padres sobre su deseo de dejar de usar el velo. Aunque su solicitud fue inicialmente rechazada, tras insistir, finalmente obtuvo su aprobación. “Sentía que llevar el velo me imponía un peso muy grande”, comentó, añadiendo que deseaba experimentar la libertad de no llevarlo.
A pesar de las dificultades, Hania no se arrepiente de su decisión y ha encontrado en su experiencia migratoria una oportunidad para observar la diversidad cultural en Chile. Sin embargo, también ha notado una tendencia al rechazo hacia lo desconocido entre algunos chilenos, especialmente en el contexto de la llegada de migrantes venezolanos. A pesar de esto, Hania enfatiza que su experiencia ha sido mayormente positiva, recibiendo cariño y respeto por parte de muchos chilenos.
Hoy, Hania expresa su amor por Chile y su gente, destacando que, a pesar de los desafíos, ha encontrado un lugar en el país que la acogió.

