El conductor de noticias Juan Manuel Astorga ha expresado su descontento hacia los actores Paulina García y Alfredo Castro por su participación en la serie de Netflix “Alguien tiene que saber”, que aborda el caso de Jorge Matute Johns. Astorga los acusó de actuar con “incongruencia” debido a su apoyo previo a un proyecto constitucional que promovía derechos humanos y la igualdad.
Durante su programa en Radio Infinita, Astorga recordó que en 2022, García y Castro firmaron una declaración junto a más de mil artistas en favor de la nueva Constitución, en la que se comprometían a defender derechos fundamentales. En este contexto, el comunicador destacó que Castro había afirmado que “los derechos humanos no son ideológicos, sino que son éticos”. Sin embargo, Astorga cuestionó la coherencia de sus acciones al participar en una serie que, según la madre de la víctima, María Teresa Johns, vulnera sus derechos.
Astorga también hizo hincapié en la postura de María Teresa Johns, quien ha manifestado su oposición a la producción de la serie. A pesar de que Paulina García defendió el trabajo de la serie, argumentando que se realizó con seriedad y respeto, Astorga subrayó que “la seriedad y el respeto no se miden en la calidad del guion, se miden en la voluntad de la persona cuyo dolor está convirtiendo en un contenido con el que además ganas plata”.
El conductor enfatizó que la participación de los actores en la serie es una “incongruencia difícil de ignorar”, señalando que “los mismos actores que marcharon por los derechos fundamentales de las personas participan en una producción que, según la madre de la víctima, vulnera los suyos”. Astorga planteó que no se puede abogar por la dignidad humana en un contexto y, al mismo tiempo, actuar en un proyecto que es considerado un atropello por la madre de la víctima.
“O los derechos fundamentales son para todos, incluida María Teresa Johns, o son solo un recurso retórico que se invoca cuando conviene y se olvida cuando hay un contrato de Netflix de por medio”, concluyó Astorga, quien también lamentó la falta de empatía de los actores hacia el dolor de Johns, quien ha pedido que no se lucre con su sufrimiento.
La controversia ha generado un debate sobre la ética en la representación de historias sensibles en los medios y la responsabilidad de los artistas en la defensa de los derechos humanos.

