
Las enfermedades poco frecuentes (EPOF), también conocidas como enfermedades raras, son trastornos que afectan a menos de una persona por cada 2.000 habitantes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). A pesar de que cada una de estas patologías afecta a un número reducido de individuos, en conjunto, se estima que hay más de 7.000 enfermedades raras que afectan a aproximadamente 300 millones de personas a nivel mundial. La investigación en este campo es crucial, ya que permite el desarrollo de terapias innovadoras que ofrecen nuevas opciones de tratamiento para los pacientes afectados. De acuerdo con un informe publicado en The Lancet Global Health, alrededor del 80% de las enfermedades raras tienen una causa genética, y casi el 70% de ellas se presentan en la infancia.
El informe también destaca que el 95% de estas enfermedades carecen de tratamientos aprobados, y el tiempo promedio para obtener un diagnóstico preciso es de 4,8 años, aunque en países como Argentina este tiempo puede extenderse hasta 10 años. En términos de mortalidad, se señala que el 30% de los niños con enfermedades raras mueren antes de cumplir los 5 años. Los desafíos que enfrentan los pacientes son significativos, pero los recientes avances en la investigación han permitido el desarrollo de tratamientos para enfermedades como Fabry, Gaucher y poliquistosis renal autosómica dominante, que ofrecen perspectivas esperanzadoras.
El World Lysosomal Symposium (Simposio Lisosomal), que aborda temas relacionados con los defectos en las enzimas responsables de descomponer y reciclar materiales como grasas, proteínas y azúcares dentro de las células, se llevó a cabo en San Diego. Durante este evento, se presentaron resultados prometedores que marcan un hito en la mejora de la calidad de vida de los pacientes y en el acceso a tratamientos menos invasivos.
La enfermedad de Fabry es un trastorno genético raro causado por la deficiencia de la enzima alfa-galactosidasa A, lo que provoca la acumulación de ciertos lípidos en las células de diversos órganos, derivando en complicaciones graves como insuficiencia renal, problemas cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Por otro lado, la enfermedad de Gaucher es un trastorno hereditario que se debe a la deficiencia de la enzima glucocerebrosidasa, que se produce en el hígado, el bazo y los huesos. Ambas enfermedades requieren tratamientos especializados que son accesibles.
Recientemente, se han registrado avances significativos en el tratamiento de Fabry, incluyendo un tratamiento oral que se ha desarrollado para sustituir las infusiones intravenosas tradicionales, mejorando así los síntomas de la enfermedad. El doctor Juan Manuel Politei, médico neurólogo de la Fundación SPINE, explicó que “se realizó un seguimiento de 4 años de los pacientes tratados con esta terapia, y se evidenció que el dolor neuropático se mantuvo en valores bajos estables sin cambios significativos. Las manifestaciones gastrointestinales continuaron mostrando mejoras, con resolución de síntomas reportados al inicio del tratamiento”.
Además, un segundo estudio reportó por primera vez parámetros relacionados con adolescentes de entre 12 y 18 años que recibieron tratamiento durante un periodo de 3 años, constatando mejoras, especialmente en aquellos que habían recibido tratamiento previo. El experto también destacó que la mejoría reportada por los familiares sigue siendo evidente en aspectos psicosociales y físicos, lo que demuestra la afectación de la enfermedad de Fabry.
Este nuevo tratamiento, desarrollado por Gador, evita procedimientos invasivos endovenosos cada 2 semanas, ya que se administra cada dos días alternos, y cuenta con la aprobación de las agencias regulatorias de Estados Unidos (FDA) y Europa (EMA). La enfermedad de Fabry tiene una evolución crónica progresiva y afecta aproximadamente a entre 40 y 100 mil personas en la población general, siendo el Tipo 1 el que impacta a 1 de cada 40 mil personas.
El estudio, que se divulgó en el evento, evaluó la reducción del sustrato (TRS). Según se detalló, la investigación fue liderada por Uma Ramawami y un equipo del Hospital Royal Free London de la Universidad de Londres, y exploró la relación entre el biomarcador lysoGb1 y la gravedad de la enfermedad, analizando las respuestas a diferentes terapias, incluyendo el reemplazo enzimático (TRE). En total, 111 pacientes participaron en el análisis principal, de los cuales 54 eran hombres y 46 mujeres. De estos pacientes, 74 estaban en tratamiento con TRE y 26 con TRS.
El doctor Norberto Guelbert, pediatra y especialista en Genética Médica de la Clínica Universitaria Reina Fabiola en Córdoba, explicó que “los pacientes que mostraron dosis adecuadas presentaron niveles altos de TRS en comparación con aquellos que no estaban en tratamiento. Esto sugiere que el TRS podría estar asociado a una menor gravedad de la enfermedad en los pacientes analizados”. En el futuro, se espera que la detección de estas enfermedades se lleve a cabo mediante pruebas de cribado neonatal, lo que permitiría iniciar tratamientos de forma temprana y prevenir el daño orgánico resultante de la infiltración celular.
La poliquistosis renal autosómica dominante (PQRAD) es una enfermedad hereditaria común que afecta a aproximadamente 1 de cada 1.000 personas en el mundo y es una de las principales causas de insuficiencia renal terminal (IRT). Esta enfermedad se caracteriza por la formación progresiva de quistes que aumentan de tamaño con el tiempo, lo que puede generar un funcionamiento renal crónico. A partir de la segunda a la quinta década de vida, los pacientes comienzan a presentar litiasis (formación de cálculos renales), hipertensión arterial (presión alta) y hematuria (sangre en la orina), siendo esta última una complicación grave. Se estima que el 50% de los pacientes con PQRAD necesitarán tratamiento sustitutivo, como diálisis o trasplante, y el 57% de los pacientes ingresados en diálisis tienen esta patología, que está relacionada frecuentemente con hipertensión y aneurismas cardiovasculares.
El diagnóstico de PQRAD se realiza mediante estudios de imagen, genéticos y revisión de antecedentes familiares. Las guías internacionales de KDIGO (Kidney Disease Improving Outcomes), publicadas el 9 de febrero en India, destacaron la importancia del uso de un principio activo único disponible para enlentecer la progresión de la enfermedad, lo que ha sido posible gracias a una iniciativa pionera de la Sociedad que adaptó las recomendaciones al contexto local. En este marco, la incorporación de una nueva tecnología basada en oligonucleótidos, aplicada a la atrofia muscular espinal (AME), representa un avance relevante, ya que se trata de una formulación que se produce en el país y permitirá abordar una mayor afección de entre 6.000 y 10.000 personas en el ámbito nacional.
El laboratorio detrás de esta innovación está enfocado en mejorar los tratamientos disponibles para enfermedades crónicas frecuentes, buscando siempre garantizar soluciones para los argentinos. El reciente lanzamiento nacional de la AME consolida un paso fundamental hacia un enfoque integral, con implicancias directas para los pacientes que enfrentan estas patologías.
La atrofia muscular espinal (AME) y la fibrosis quística son dos de los grupos de enfermedades neuromusculares hereditarias que se caracterizan por la pérdida de fuerza muscular debido a la degeneración de las neuronas motoras en la médula espinal, que son fundamentales para funciones como moverse, hablar, tragar y respirar, transmitiendo órdenes desde el cerebro a los músculos. Según información de los National Institutes of Health (NIH), la severidad de estas enfermedades puede variar según sus tipos clínicos. En Argentina, se ha marcado un punto de inflexión con la incorporación de terapias basadas en oligonucleótidos, convirtiéndose en una opción segura y efectiva tanto para adultos como para niños con estas condiciones genéticas.
Además, se busca consolidar un amplio mecanismo que sume otras terapias disponibles, como el nusinersen, que fue aprobado por la FDA en 2016 y que se administra mediante inyecciones intratecales, permitiendo ralentizar la pérdida de función motora en algunos pacientes. Respecto a la fibrosis quística, se ha avanzado en el desarrollo de moduladores de CFTR, que han demostrado ser altamente eficaces en el tratamiento de esta enfermedad. Estas estrategias no solo ralentizan el deterioro pulmonar y nutricional, sino que también representan una alternativa sólida para los pacientes.
Un estudio llevado a cabo en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, encabezado por el doctor Alejandro Teper y el doctor Claudio Castaños, mostró el impacto de estas condiciones en la vida real, destacando el desarrollo de una triple terapia genérica que se ha implementado recientemente por Gador. Los datos recopilados mostraron resultados contundentes en el estado pulmonar y nutricional de los participantes, además de una reducción en las exacerbaciones respiratorias y en los niveles de cloro en el sudor. Otro aspecto destacado fue la buena tolerancia general al tratamiento.