El canciller chino, Wang Yi, ha acusado a la administración del expresidente estadounidense Donald Trump de intentar regresar a una situación de “ley de la jungla” en las relaciones internacionales. Durante una conferencia de prensa celebrada en el marco de la Asamblea Nacional Popular, Wang delineó la estrategia diplomática de China para el próximo año, posicionando a su país como una potencia “responsable” y un socio “confiable” en el ámbito global.
Wang expresó que “Estados Unidos está obsesionado con exhibir una posición de fuerza” y enfatizó que “el mundo no puede volver a ‘la ley de la selva’, debe avanzar, no retroceder”. En este contexto, subrayó que los países importantes deben asumir sus responsabilidades internacionales. El canciller también afirmó que “una gran potencia no puede ir intimidando a los más débiles”.
El diplomático chino criticó la postura de Washington, indicando que intenta “contener” a China, y que el “respeto mutuo es el principio básico que debe regir las relaciones bilaterales”. Wang advirtió que “ningún país debería fantasear con reprimir a China y mantener buenas relaciones con China al mismo tiempo”, refiriéndose a la “doble cara” de Trump, que, según él, “no ayuda a generar confianza mutua”.
Estas declaraciones se producen en un contexto de tensiones crecientes entre Estados Unidos y China, marcadas por disputas comerciales. En respuesta a la decisión de Trump de aumentar los aranceles al 20% sobre ciertos productos, Wang afirmó que “China seguirá tomando represalias si Estados Unidos continúa con sus presiones”. Afirmó que, aunque ambos países pueden ser socios, la relación debe basarse en el respeto, la cooperación y la coexistencia pacífica.
En su intervención, Wang también se esforzó por presentar a China como un “socio estable y confiable” en contraste con la imprevisibilidad de Trump. “Abogamos por que todos los países dialoguen y dejen a un lado sus diferencias. El mundo espera que China juegue un papel importante a la hora de lidiar con los desafíos globales”, declaró.
El canciller chino se comprometió a que Pekín seguirá siendo “constructiva” en la búsqueda de una paz duradera en Ucrania, trabajando junto con la comunidad internacional de acuerdo con los deseos de las partes involucradas, partiendo de una postura “objetiva e imparcial” sobre el conflicto. “Daremos certidumbre a este mundo incierto. Seremos una fuerza justa y recta para la paz y la estabilidad mundiales”, añadió.
Wang también defendió los lazos entre China y Rusia, al tiempo que adoptó un tono conciliador hacia Europa. Afirmó que “hay más razones que nunca para que Pekín y Bruselas mantengan una buena relación y la fortalezcan” en un momento de desavenencias entre el bloque europeo y Estados Unidos tras el regreso de Trump. Sin embargo, las fricciones comerciales con la Unión Europea persisten, especialmente en relación con los aranceles impuestos a los vehículos eléctricos chinos.
El canciller expresó su confianza en que “las dos partes tienen la capacidad y la sabiduría para resolver adecuadamente los problemas a través de consultas amistosas”.
Wang también se opuso al plan de Trump de tomar el control de Gaza, afirmando que el enclave “pertenece al pueblo palestino” y que “cambiar su estatus por la fuerza no traerá paz sino más caos”. Reiteró el apoyo de China a la “solución de dos Estados” para que “los pueblos árabe y judío puedan coexistir a largo plazo”.
El canciller hizo un guiño al Sur Global, afirmando que “el corazón de China siempre estará con los países en desarrollo”. Defendió a las economías emergentes, que representan más del 40% del PIB mundial, como una “fuerza clave para mantener la paz y el desarrollo globales”. En este sentido, mencionó a Latinoamérica, que, según él, desea “independencia y autonomía” y “no ser el patio trasero de nadie”.
Wang concluyó su intervención reafirmando que “China siempre se ha adherido al principio del trato igualitario en sus lazos con todas las naciones”, haciendo referencia a iniciativas como el proyecto de las Nuevas Rutas de la Seda, que ha suscitado tanto entusiasmo como escepticismo.
En la conferencia, también se abordaron temas sensibles como la soberanía de Taiwán, que Pekín reclama como parte de su territorio, y las tensiones en el mar Meridional de China, donde atribuyó las fricciones a “fuerzas externas”.

