Inicio Salud y Bienestar

Tumba jaguares: la novela de Angélica Gorodischer que entrelaza memoria, identidad y felicidad

Gabriela Cabezón Cámara reflexiona sobre la memoria en 'Tumba de jaguares'.
Gabriela Cabezón Cámara reflexiona sobre la memoria en 'Tumba de jaguares'.

Tumba jaguares, de Angélica Gorodischer, es una novela que entrelaza memoria e identidad a través de la escritura y el deseo de vivir. Una obra conmovedora.

Una mujer decide dedicar su vida a la escritura, creando una obra que se adentra en la vida de otra escritora. Este es el concepto central de “Tumba jaguares”, una novela publicada en 2005 por Angélica Gorodischer, que explora las complejidades de la memoria, la identidad y el paso del tiempo. La obra está disponible por un precio de $13.99 USD. En la presentación del libro, se menciona que “así como Jorge Luis Borges inventó El Aleph, un punto en un sótano del sur de Buenos Aires podía albergar la totalidad del universo”, Gorodischer crea un “fractal literario” en forma de novela.

Gorodischer es reconocida por su habilidad para mezclar lo fantástico con lo real, abordando temas como la vida, la muerte y las experiencias de mujeres y hombres que son acosados por un pasado que regresa. Gabriela Cabezón Cámara, autora consagrada de obras como “La virgen cabeza” y “Las aventuras de China Iron”, se encarga del prólogo de esta novela, donde se destaca su capacidad para innovar y conmover al lector.

En el prólogo, se plantea una reflexión sobre la búsqueda de la felicidad: “Pero cuando obedecía esa ansia, ah, entonces era, ¿qué era?, ya no se hacía pregunta porque ahora sabía la respuesta”. La autora menciona que alguna vez había llamado felicidad a ese estado, que siempre había comprendido sin necesidad de pensarlo, describiendo una experiencia que es “mucho menos más”. Se evoca la imagen de un paisaje dorado donde el sol aparece cada noche, iluminando una pared llana manchada por el día, lo que sugiere una conexión profunda con el tiempo y la memoria.

La novela se centra en la reencuentro con la felicidad por parte de la protagonista, una escritora que muere en un hospital. En sus últimos momentos, siente el deseo de escribir y recuerda a sus propios personajes, quienes son los protagonistas de otras dos historias. La escritora, inmersa en un estado dorado, observa a una araña, un símbolo que representa la complejidad de la narrativa. La felicidad de la escritora se entrelaza con la de los lectores, y se destaca la maestría de Gorodischer en la creación de esta conexión.

En el corazón de la trama, la autora explora el costo que implica ser mujer y escritora, así como los sacrificios que se deben hacer para lograrlo. Se menciona que “qué dolores va a usar —casi obscena, dice— para transformarlos en cuento, novela, música”. La narrativa fluye y se siente en el cuerpo, resonando en la carne y los huesos de los lectores. La obra no es liviana; por el contrario, presenta a una escritora desgarrada por la desaparición de su hija, quien también era escritora. La historia revela que su hermana fue asesinada, y el duelo que enfrenta la protagonista se entrelaza con su vida y su trabajo.

La protagonista busca la paz y la posibilidad de tener un escritorio donde escribir, mientras se hace cargo de la tierra y la gente que la rodea, lo que sugiere un entendimiento que se convierte en una pequeña revolución. La trama también aborda el duelo por la desaparición de su marido en un accidente aéreo, un tema que refleja la tragedia de las desapariciones forzadas que marcaron la historia de Argentina, especialmente durante las dictaduras.

A pesar de la carga emocional y el peso de la historia, “Tumba jaguares” presenta una estructura que permite que las narrativas se refieran entre sí, evocando una sensación similar a la de “El Decamerón” o “Las mil y una noches”. La obra fluye con delicia, a pesar del dolor que puede provocar, y resalta las ganas de vivir que se encuentran en la lectura. Las novelas, según se menciona, “valen la pena, son un canto que se cuenta”. Esta conexión entre los cuerpos y las palabras es casi sobrenatural, y solo los grandes escritores logran hacer que las palabras de los muertos cobren vida.

Salir de la versión móvil