
Confundir nombres es común y puede deberse a la neuroplasticidad del cerebro. Aprende cómo mejorar tu memoria y evitar estos lapsos en la comunicación.
A menudo, las personas experimentan situaciones en las que, tras ser presentadas a alguien, no logran recordar su nombre al instante. También es común encontrarse con conocidos en la calle y, mientras se entabla una conversación, se busca desesperadamente recordar su nombre. Otro fenómeno que puede ocurrir es confundir a un hijo con un amigo. Según Neil Mulligan, profesor de Psicología y Neurociencia en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, “es normal confundir nombres, especialmente entre categorías relacionadas, como los niños”. Este tipo de confusión se produce porque, al llamar a alguien por un nombre equivocado, a menudo se utiliza uno que es similar o que está relacionado de alguna manera. Un ejemplo clásico es el de una madre que, agotada, va nombrando a todos sus hijos hasta que finalmente acierta con el correcto.
Judith Heidebrink, codirectora de la división del programa de Trastornos Cognitivos en la Facultad de Medicina de Míchigan, explica que “el cerebro almacena información en redes de términos relacionados”. La neurocientífica Gabriela González Alemán, directora del Departamento de Neurociencia de la Universidad Católica Argentina y fundadora de Brainpoints, señala que “el cerebro cambia permanentemente”. Esto se debe a la neuroplasticidad, que implica que, a medida que vivimos nuevas experiencias, la configuración de las conexiones neuronales y la cognición se transforman. “El funcionamiento de la mente es dinámico y se transforma a lo largo del tiempo”, añade la experta. Uno de los cambios que pueden ocurrir es la dificultad para recordar nombres o encontrar la palabra adecuada para mencionar algo, lo que puede ser un indicativo de la evolución de la memoria a lo largo del tiempo.
González Alemán también menciona que “esto no solo ocurre en la tercera edad, sino que personas de 30, 40 o 50 años pueden experimentar olvidos de objetos de uso cotidiano, como herramientas”. Las palabras que son frecuentes en nuestro léxico, especialmente aquellas relacionadas con vínculos cercanos, son más fáciles de recordar, mientras que los términos menos utilizados pueden ser más difíciles de evocar. Juan Carrillo, licenciado en Neuropsicología en INECO, en una nota reciente, afirma que “la expresión ‘lo usa, lo pierde’ se aplica tanto a los músculos del cuerpo como a las redes neuronales”. La evidencia científica actual concluye que “una vida mental e intelectualmente estimulante juega un papel importante en el mantenimiento de una adecuada salud cognitiva”.
Un estudio dirigido por Samantha Deffler, profesora en York College, Pensilvania, y su equipo de investigadores, encontró que la mitad de los estudiantes universitarios entrevistados informaron haber llamado a alguien por un nombre equivocado. En el 95% de esos casos, el error fue con un miembro de la familia. “Descubrimos que a menudo los miembros de la familia se nombran de forma equivocada debido a la similitud fonética entre los nombres, lo que conduce a errores”, afirmaron los investigadores. Además, el estado de ánimo puede afectar la memoria, como indicó Deffler, quien señaló que más del 40% de las veces los participantes confundían nombres cuando estaban cansados, frustrados o enojados. Tratar de hacer malabares con varias tareas al mismo tiempo aumenta las posibilidades de cometer errores.
La neurocientífica González Alemán explica que una de las razones detrás de estos problemas es que “la atención está ocupada en muchas cosas y estar distraído no necesariamente implica un proceso patológico”. Ella aclara que “entender que el olvido tiene que ser funcional para nuestros objetivos es importante. Está bien, entonces, aquellos olvidos esenciales que alteran nuestra cotidianidad, pero si afectan otras funciones, hay que considerar que puede haber una patología detrás de ellos”. Por su parte, la licenciada Marina Dolmatzian, también de INECO, comentó que estos olvidos suelen manifestarse en cuestiones atencionales y en la evocación de información. “En palabras, si prestamos atención a lo que debemos adquirir, probablemente esta información esté almacenada y podamos recordarla de manera adecuada”, remarcó.
Mulligan también señala que “mientras envejecemos, perdemos destreza y suprimimos lo deseado, lo que puede llevar a cometer errores al hablar”. Aunque esto es común en las personas mayores, hay una buena razón detrás de ello. “Cuando envejecemos, recordar puede ser una señal de demencia inminente”, declaró. Es importante estar alerta y preocuparse si esto imposibilita el trabajo cotidiano. “Por ejemplo, yo hago listas y anoto en mis diarios para no olvidarme de nada, eso es normal. A los jóvenes no les importa dejar cosas sin hacer, pero a los mayores les preocupa mucho más. Si me encuentro con cuentas impagas o situaciones que no pude resolver, eso debería ser motivo de preocupación”, añadió. También mencionó que “si se olvida un término cotidiano, como ‘taza’, no se debe dejar pasar como algo habitual. Si eso ocurre, es recomendable consultar a un médico”.
Existen varios ejercicios que pueden ayudar a mejorar la memoria. Además de seguir un estilo de vida saludable, que incluya una dieta equilibrada, actividad física y un buen descanso, se sugiere ejercitar la mente diariamente y tratar de aprender nuevas habilidades. Muchos estudios han confirmado que la participación constante en actividades novedosas y cognitivamente exigentes potencia la capacidad de recordar. Desde esta perspectiva, la experta enfatiza que “para ocuparnos de la memoria, es fundamental estar motivados”. Según la Clínica Mayo, “el aprendizaje debe fortalecerse”. Hay varias maneras de lograrlo: se puede concentrar en lo que se aprende por primera vez, repetir la información o relacionarla con algo familiar.
Se recomiendan las siguientes estrategias para mejorar la memoria:
1. Prestar atención y cultivar la escucha atenta, ya que la mayoría de las personas dicen que recordamos mejor lo que acabamos de escuchar. Esto se debe a que, al poner atención, la información se ingresa de manera más efectiva en el sistema cognitivo.
2. Enfocarse en la imagen de la persona presentada, observando características distintivas como su forma de vestir o rasgos faciales.
3. Repetir el nombre de la persona al ser presentada, diciendo algo como “Encantado, un gusto conocerte, Fulano”.
4. Leer con frecuencia, ya que los lectores suelen tener un vocabulario más amplio y recuerdan mejor las palabras.
5. Jugar a juegos como crucigramas, scrabble o anagramas, que ayudan a mantener la mente activa y a mejorar la memoria.
6. Realizar sopas de letras, que estimulan el léxico y activan la concentración.
7. Aprender nuevas palabras diariamente, lo que es útil para entrenar el mecanismo de aprendizaje.
8. Entrenar la recuperación de información, practicando cómo traer a la mente lo que se ha aprendido.
9. Elegir escribir un breve párrafo durante los descansos en el trabajo, lo que puede ayudar a mantener la mente activa.
10. Participar en juegos que requieran recordar palabras o frases, lo que mejora la velocidad de procesamiento y la agilidad mental.
Estas estrategias pueden ser clave para evocar la información que necesitemos en el momento adecuado.