La memoria es un proceso fascinante que involucra codificación, consolidación y olvido. Aprende cómo mejorar tu retención y recordar lo que estudiaste.
A lo largo de nuestras vidas, la memoria se convierte en un tema de interés constante, ya que todos nos hemos cuestionado en algún momento cómo y dónde se almacenan nuestros recuerdos, así como las razones detrás del olvido de gran parte de la información que estudiamos. La memoria, en su esencia, es un proceso fascinante que involucra la adquisición de nueva información o habilidades a través de diversas formas de aprendizaje, como la observación, la práctica o la enseñanza. Este proceso se divide en tres etapas fundamentales: aprender, memorizar y recordar.
Aprender se refiere a la incorporación de nueva información o habilidades, mientras que memorizar implica el almacenamiento y la recuperación de esa información, un proceso que se logra a través de la repetición. Recordar, por su parte, es la capacidad de acceder y reconstruir la información que ha sido almacenada. Según un artículo de The Conversation, la profesora de Fisiología de la Universidad Francisco de Vitoria, Noelia Valle, explica que la memoria se compone de cuatro etapas: codificación, consolidación, recuperación y olvido.
Durante estas etapas, se producen cambios físicos en grupos de neuronas denominadas “engramas”, que son las huellas físicas de la memoria en el cerebro. Cada nueva experiencia provoca la excitación coordinada de ciertos grupos de neuronas, lo que se conoce como codificación. En esta fase, los recuerdos generados son inicialmente débiles y pueden desaparecer si no se les da el mantenimiento adecuado.
La segunda fase, la consolidación, es crucial para transformar una memoria débil en una memoria a largo plazo. Este proceso depende de la plasticidad neuronal y requiere cambios estructurales en los engramas, lo que implica la formación de nuevas sinapsis entre las neuronas que se activaron durante el aprendizaje. La repetición es fundamental en este proceso, ya que la reiteración de actividades o la evocación de conceptos activa los engramas el tiempo necesario para que se establezcan nuevas sinapsis. Además, se ha observado que las representaciones repetidas de un evento de aprendizaje durante el sueño también pueden activar los engramas, reforzando así la memoria.
El proceso de recordar y olvidar también es esencial en la memoria. Las sinapsis que constituyen la memoria a largo plazo pueden mantenerse incluso si no se utilizan, lo que permite la recuperación de la información. Sin embargo, el éxito en el recuerdo depende de la coincidencia entre el contexto en el que se recupera la información y el contexto en el que se codificó y consolidó. El olvido, por otro lado, es una fase necesaria en el proceso de memoria. La potenciación de ciertos engramas durante la consolidación implica la eliminación de otros, lo que permite “hacer espacio” en el cerebro. Este olvido puede ocurrir debido a la despotenciación de circuitos existentes, la ocupación del espacio sináptico por nuevos procesos de neurogénesis o incluso la eliminación de sinapsis.
Héctor Ruiz, en su obra “¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza”, propone diversas estrategias para mejorar la retención de la memoria, según lo indicado por la profesora Valle. Una de las estrategias más efectivas es conectar nuevos conocimientos con información previamente almacenada. Además, reflexionar sobre lo aprendido, en lugar de limitarse a escucharlo o verlo repetidamente, puede aumentar significativamente la capacidad de memorización. Profundizar en el aprendizaje, razonando sobre la misma idea en diferentes contextos, también facilita la recuperación posterior.
La enseñanza activa, que implica la aplicación, interpretación, evaluación o explicación del conocimiento, puede activar los engramas hasta 20 veces más que durante el aprendizaje inicial. En contraste, estudiar únicamente antes de un examen es poco probable que genere una huella duradera en el cerebro.

