
Health span redefine la longevidad al promover elecciones saludables. Bryan Johnson, multimillonario, sigue un régimen estricto para vivir más de 150 años.
En la actualidad, se ha introducido un nuevo concepto en el ámbito de la longevidad, conocido como “health span”, que implica un cambio de mentalidad sobre cómo planificar de manera proactiva los años venideros. Este enfoque sugiere que cada individuo debe asumir la responsabilidad de ser el arquitecto de su propia vida y salud, lo que se traduce en la adopción de elecciones saludables en términos de nutrición, ejercicio y hábitos de vida. Un ejemplo notable de este enfoque es el multimillonario Bryan Johnson, quien es conocido por su régimen intensivo enfocado en la salud y la longevidad. Johnson, un magnate de 46 años, sigue una rutina altamente estructurada que es monitoreada por un equipo de 30 médicos. Su régimen incluye la ingesta de 60 pastillas diarias, tratamientos de láser facial, entrenamiento de alto rendimiento y fototerapia, entre otras prácticas. Además, el consumo de chocolate amargo de alta calidad forma parte de su estrategia antienvejecimiento.
En declaraciones realizadas en su canal de YouTube, Johnson mencionó que un ingrediente clave en su alimentación es el chocolate amargo, el cual ha estado consumiendo durante tres años con el objetivo de “engañar a la muerte”. En una publicación en la red social X, explicó que anteriormente no se encontraba en un buen momento de salud, ya que había estado “toda la vida consumiendo una triste dieta americana, llena de comida basura, rápida y azúcar procesado”. Johnson se ha propuesto vivir más de 150 años y ha afirmado que “uno de los mejores alimentos que podemos consumir” es el chocolate amargo. Esta afirmación ha sido respaldada por la ciencia, que ha identificado varios beneficios para la salud asociados con su consumo.
Entre los beneficios del chocolate amargo se encuentran la mejora de la salud cardiovascular, el control del colesterol, y la promoción de la salud cerebral. Según el “Journal of the American Heart Association”, el chocolate amargo puede favorecer la salud cardiovascular, mientras que “Nutritional Neuroscience” ha señalado que puede tener efectos positivos en la función cerebral. Además, se ha demostrado que el chocolate amargo puede reducir la presión arterial y posee propiedades antioxidantes que ayudan a disminuir la inflamación, como se indica en “Frontiers in Immunology”. También se ha observado que el consumo de chocolate amargo puede tener un impacto positivo en el estado de ánimo.
Es importante destacar que los beneficios del chocolate amargo se obtienen cuando este tiene un alto contenido de cacao y poca o ninguna adición de grasas procesadas. En este sentido, Johnson recomendó que al momento de comprar chocolate amargo, se deben considerar varios aspectos: primero, que sea puro; segundo, que esté procesado de manera adecuada; tercero, averiguar si contiene metales pesados; y cuarto, que tenga un alto contenido de flavonoles.
En cuanto a la cantidad recomendada de chocolate amargo a consumir, esta varía según diferentes estudios, pero comúnmente se sugiere una ingesta de alrededor de 20 gramos diarios, siempre que contenga entre un 70 y un 80 por ciento de cacao. Esta cantidad es suficiente para obtener beneficios sin exceder en calorías o azúcares añadidos que podrían contrarrestar sus efectos positivos.
El consumo diario de chocolate amargo en cantidades moderadas puede tener efectos positivos en el cuerpo, aunque también existen algunos potencialmente negativos si se consume en exceso. Las contraindicaciones para el consumo de chocolate amargo incluyen a personas que son alérgicas a alguno de sus componentes, así como aquellos que padecen acidez estomacal, ya que podría empeorar sus síntomas. Además, el chocolate negro contiene cafeína, lo que en exceso podría provocar insomnio o nerviosismo en algunas personas. Entre las consecuencias más frecuentes del consumo excesivo se encuentran las migrañas y otros dolores de cabeza, así como el aumento de niveles que pueden causar problemas en el hígado y la vesícula en pacientes con hígado graso.