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¿Para qué, Michelle? La incertidumbre de Bachelet ante un posible tercer período presidencial

Reflexiones de J.J. Jinks sobre el impacto de Michelle en nuestra sociedad actual.
Reflexiones de J.J. Jinks sobre el impacto de Michelle en nuestra sociedad actual.

Michelle Bachelet, en la mira de la política chilena, genera debate sobre su posible candidatura. ¿Es la izquierda capaz de encontrar un nuevo liderazgo?

Un helado martes de agosto, la expresidenta Michelle Bachelet fue vista en un corte de cinta, un evento organizado por un alcalde oficialista que busca la reelección. Esta escena se repite en diversas comunas, donde Bachelet, aunque menos sonriente que en el pasado, se presenta con diferentes atuendos para protegerse del frío que acompaña las desangeladas escenas de precampaña municipal. Estas imágenes se suceden en un contexto en el que la ex Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos ha comenzado a escalar en las encuestas como posible candidata para un tercer mandato en La Moneda.

Bachelet, cuidadosa en su elección de palabras, ha declarado: “no soy candidata”. Sin embargo, esta afirmación no parece cerrar la puerta a una eventual candidatura. Es evidente que, como toda política de peso, Bachelet se deja querer y parece disfrutar que su sector la mencione y confíe en que su figura podría salvarlos de una derrota electoral que se vislumbra altamente probable. Para la izquierda, depositar todas las esperanzas en Bachelet puede resultar alentador desde una perspectiva electoral, pero también conlleva altos costos para los liderazgos alternativos.

La situación se complica para la izquierda, ya que bajo la sombra de Bachelet es difícil que surja una candidatura competitiva, lo que los coloca en una posición de vulnerabilidad extrema ante la posibilidad de que su declaración de “no soy candidata” se convierta en una realidad el próximo año. Aunque esta posibilidad es improbable, no se puede descartar.

Por otro lado, la derecha ha mostrado rápidamente su temor hacia Bachelet. Con un enfoque casi histérico, critican cualquier actividad que realice la expresidenta, aunque sus intentos no logran más que aumentar la atención sobre ella y resaltar su fuerza electoral. A pesar de que el segundo mandato de Bachelet fue considerado deficiente, su figura sigue generando inquietud en el sector opositor. Han transcurrido diez años desde su reforma tributaria y el famoso “júzguenme por los resultados” del entonces ministro Arenas. Este periodo ha sido suficiente para evaluar los resultados: Chile ha estado estancado en su crecimiento durante la última década, lo que no parece ser una coincidencia.

En cuanto a la reforma educacional, los resultados han sido desalentadores. Aunque la educación pública enfrentaba problemas desde hace años, contaba con algunas excepciones notables en colegios emblemáticos. Sin embargo, estas excepciones se han visto destruidas, y cualquier comparación entre el antes y el después resulta desalentadora. La reforma electoral, que buscaba corregir el sistema binominal, terminó por generar una fragmentación de los partidos políticos y contribuyó al descrédito del Congreso.

En aspectos fundamentales como la economía, la educación y el sistema político, las reformas implementadas durante el segundo mandato de Bachelet son parte integral de los problemas serios que enfrenta Chile en la actualidad. Ser competitiva en las encuestas no es un motivo suficiente para considerar un tercer mandato. Se esperaría que Bachelet presentara una visión de país que ofreciera algo diferente en la actualidad, pero no se percibe tal propósito en sus intervenciones públicas esporádicas. Ante la falta de un objetivo más allá de frenar a la derecha, surge la pregunta: ¿Para qué, Michelle? ¿Para qué?

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