En un análisis reciente, Sebastián Puig, un destacado analista del Ministerio de Defensa español, ha abordado las complejas dinámicas que están moldeando el futuro geopolítico y económico del mundo. Según Puig, el planeta está experimentando cambios drásticos impulsados por la geopolítica, que se manifiestan en un contexto marcado por conflictos, demografía y crisis ambiental. En particular, destaca el envejecimiento poblacional en los países desarrollados y un notable aumento demográfico en regiones como África subsahariana. La tecnología, especialmente la automatización y la inteligencia artificial, está redefiniendo el mercado laboral y planteando dilemas éticos, mientras que la crisis ambiental está exacerbando las disputas por recursos estratégicos. Puig advierte que estas fuerzas están interconectadas y subraya la necesidad urgente de reformas institucionales globales para gestionar un mundo donde la incertidumbre se ha convertido en la norma.
Las fuerzas que moldean el futuro
El analista español, especialista en tecnologías de la información, expone en un artículo publicado en el medio Sintetia las cuatro grandes fuerzas que están dando forma al futuro: la geopolítica, la demografía, la tecnología y el medio ambiente. Puig afirma: “Vivimos tiempos confusos y volátiles, donde los cambios son más agudos y rápidos”. Compara la situación actual con la tectónica de placas, donde las fricciones y choques generan alteraciones profundas y permanentes en el orden mundial.
Geopolítica y rivalidades
La primera gran fuerza que menciona Puig es la intensificación de las rivalidades entre potencias. La competencia entre Estados Unidos y China ha llevado a un resurgimiento del realismo político, donde el conflicto prevalece sobre la cooperación. Recuerda el impacto de la invasión rusa a Ucrania en 2022, que provocó una crisis humanitaria y económica a nivel global, alterando además las relaciones de poder en Europa. Puig explica: “Rusia ha vuelto a ser percibida como una amenaza directa e inminente para sus vecinos europeos”. Además, las tensiones territoriales en el Mar del Sur de China y la supremacía tecnológica también han aumentado. En este sentido, las sanciones estadounidenses a empresas chinas y las restricciones a la exportación de semiconductores han llevado a una respuesta de Pekín, que ha invertido 1,4 billones de dólares en su autosuficiencia tecnológica. Esto ha fragmentado las cadenas de suministro globales, afectando la economía mundial. Puig señala: “Hemos pasado de un modelo ‘just in time’ a uno ‘just in case’, lo que implica enormes costos de adaptación”.
Demografía y sus desafíos
La segunda fuerza que Puig identifica es el cambio demográfico, que avanza lentamente pero con impactos implacables. La población de los países desarrollados enfrenta un desafío crítico, ya que la proporción de personas mayores de 65 años está en aumento. Puig subraya que “la población pasará de 761 millones en 2021 a 1.600 millones en 2050”. Este fenómeno genera presiones sobre los sistemas de pensiones y salud, y podría ralentizar el crecimiento económico, a menos que se compense con inmigración y mejoras en la productividad. En contraste, el desarrollo en regiones como África está experimentando un crecimiento explosivo, con más del 60% de la población africana menor de 25 años. Esto genera una presión migratoria hacia Europa, que enfrenta el dilema de necesitar inmigrantes para sostener su economía, mientras que las tensiones sociales se avivan. Puig aconseja que “las políticas de integración deben ser diferenciadas y multifacéticas”, abordando tanto la inclusión laboral como la seguridad.
Tecnología y el futuro del trabajo
La tercera fuerza que Puig menciona es la transformación de la sociedad a un ritmo sin precedentes, impulsada por la inteligencia artificial. Advierte que hasta el 50% de los empleos actuales podrían ser automatizados en los próximos años, lo que plantea interrogantes sobre el futuro del trabajo. Sin embargo, también surgen oportunidades para empleos que requieren habilidades creativas y tecnológicas avanzadas. Puig enfatiza la necesidad de una adopción estratégica clara, afirmando: “Subirse al carro tecnológico sin evaluar el valor añadido supone un desperdicio inasumible de recursos”. Además, plantea preguntas éticas sobre cómo distribuir los beneficios de manera equitativa durante esta transición, para no dejar atrás a los sectores más vulnerables.
El medio ambiente y los recursos naturales
Finalmente, Puig aborda el acceso a los recursos naturales y las cuestiones críticas relacionadas con la energía. La transición hacia energías renovables es compleja y la energía global requiere materiales como el litio, el cobre y las tierras raras, cuya extracción está concentrada en pocos países. Esto resalta los riesgos geopolíticos y las dependencias que se generan. Puig explica que la “weaponización” de estos recursos por parte de ciertos actores puede desestabilizar aún más la situación, mientras que el cambio climático agrava la disputa por recursos. Fenómenos como sequías e inundaciones afectan la producción agrícola y el acceso al agua potable. Un ejemplo de esto es la disputa por la Gran Presa del Renacimiento entre Etiopía y Egipto, que ilustra las crecientes tensiones por el agua. Puig concluye que “las migraciones climáticas se multiplicarán”, lo que añade una capa de complejidad a la ya frágil situación global.
Las fuerzas mencionadas actúan de manera interconectada y afectan la lucha por los recursos energéticos. La creciente demanda de baterías para vehículos eléctricos está impulsando una minería intensiva de litio, lo que a su vez tiene implicaciones para el desarrollo sostenible y la industria minera, que desplaza a trabajadores en sectores tecnológicos. La conexión entre la carrera por dominar las claves de las energías renovables y la necesidad de reformarse ante estos desafíos es evidente, aunque la polarización política dificulta los esfuerzos. Puig enfatiza que “el pensamiento crítico, la adaptabilidad y la creatividad son esenciales”, subrayando la importancia de la alfabetización ética en un mundo en rápida evolución. Las decisiones que se tomen hoy tendrán un impacto significativo en las generaciones futuras.

