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Inventores que murieron por sus propias creaciones: tragedias detrás de la innovación

Inventores que pagaron el precio más alto por su genialidad: historias trágicas.
Inventores que pagaron el precio más alto por su genialidad: historias trágicas.

La historia de la invención está llena de relatos de innovadores que han dejado su huella en el mundo. Sin embargo, algunos de estos inventores han encontrado un destino trágico a causa de sus propias creaciones. Este artículo explora las vidas y muertes de varios inventores que, a pesar de sus contribuciones significativas, sufrieron consecuencias fatales debido a sus inventos.

El primer accidente de paracaidismo

El 24 de julio de 1834, el acuarelista británico Robert Cocking se convirtió en la primera víctima de un accidente relacionado con el paracaidismo. Cocking, inspirado por los diseños del inventor francés Jean-Pierre Blanchard, dedicó años a desarrollar un paracaídas que prometía ser una mejora sobre los existentes. En un evento notable, se elevó junto a su invención, que estaba colgada del famoso globo Royal Nassau. A una altitud de 1,500 metros, Cocking se soltó, pero la tela de su paracaídas no pudo soportar el peso, se rompió y lo separó de la cesta. El impacto resultó fatal. Su error principal fue no calcular adecuadamente el peso de su diseño.

El sastre volador

En 1912, el sastre francés Franz Reichelt también intentó desafiar la gravedad con un traje-paracaídas diseñado específicamente para pilotos. Tras realizar pruebas exitosas con maniquíes, buscó un lugar más alto para llevar a cabo su gran prueba. Elegió el primer piso de la Torre Eiffel, a 57 metros de altura, y convocó a la prensa para presenciar el evento. El 4 de febrero, sorprendió a todos al anunciar que él mismo realizaría el salto. A pesar de las advertencias de la policía y de sus amigos, Reichelt se lanzó al vacío. Desafortunadamente, el paracaídas no se abrió completamente, lo que resultó en su muerte frente a una multitud de espectadores.

Un faro en medio del mar

En la década de 1690, Henry Winstanley construyó el primer faro en alta mar, ubicado en las peligrosas rocas de Eddystone, Inglaterra. A pesar de enfrentar numerosas dificultades, incluyendo un secuestro por piratas franceses, Winstanley completó su obra y declaró que pasaría una noche en el faro durante la tormenta más intensa que pudiera ocurrir. En noviembre de 1703, una tormenta sin precedentes azotó las Islas Británicas, con vientos que alcanzaron los 190 km/h. Winstanley pasó la noche en su faro, pero la furia del mar destruyó la estructura por completo, llevándose su vida. Su legado perdura, ya que el diseño del faro inspiró construcciones posteriores que aún protegen esas aguas.

El primer mártir de la electricidad

En 1753, el físico ruso Georg Wilhelm Richmann intentó medir la fuerza de la electricidad atmosférica, motivado por las teorías de Benjamin Franklin. Conectó un electrómetro a una varilla de hierro en su hogar para registrar la energía de una tormenta. El 6 de agosto, una bola de relámpago saltó de la barra hacia su frente, causándole la muerte instantánea. Richmann se convirtió en la primera persona en morir durante un experimento eléctrico. El científico británico Joseph Priestley elogió su sacrificio, afirmando: “No todo electricista puede morir de manera tan gloriosa”.

La imprenta rotativa

William Bullock revolucionó la industria editorial en 1860 con la invención de la imprenta rotativa de bobina, que era capaz de alimentar papel continuo, imprimir por ambos lados y cortar hojas con precisión. Sin embargo, su innovación también resultó ser la causa de su muerte. En abril de 1867, mientras ajustaba una de sus máquinas en un periódico de Filadelfia, su pierna quedó atrapada en el mecanismo. La lesión se complicó con gangrena, y Bullock falleció durante la operación para amputarle la pierna.

Un legado eterno

Estas historias son un recordatorio de que la innovación a menudo conlleva riesgos significativos. Aunque sus finales fueron trágicos, los inventos de estos innovadores dejaron una huella indeleble en la historia, transformando el mundo y sirviendo como ejemplos de la pasión y determinación que impulsan el progreso.

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