Chile se posiciona como el país con el mayor número de colisiones entre ballenas y embarcaciones a nivel mundial, especialmente en su zona norte, donde la ballena de aleta, la segunda más grande del planeta, se encuentra en aumento durante su temporada de alimentación.
Un informe de Reuters revela que entre los meses de octubre y enero, estas majestuosas criaturas, que pueden medir hasta 26 metros y pesar más de 70 toneladas, se concentran en las aguas de la Bahía de Mejillones y la Bahía de Antofagasta. Estas áreas son reconocidas por su alta productividad, lo que las convierte en un lugar clave para la nutrición de la ballena de aleta. Sin embargo, la misma región también presenta un intenso tráfico marítimo, con barcos graneleros, portacontenedores y buques tanque que operan en la industria minera y energética.
La cercanía al Puerto de Antofagasta, que moviliza millones de toneladas de carga anualmente, incrementa la probabilidad de colisiones fatales. Investigadores han señalado que Chile lidera las estadísticas tanto en choques como en enredos de ballenas en redes de pesca. Estas redes industriales representan una amenaza significativa, ya que los cetáceos atrapados pueden sufrir heridas graves, agotamiento extremo o incluso morir por asfixia.
La Red de Observación de Cetáceos de Antofagasta ha indicado que monitorea constantemente la presencia de estos animales para alertar sobre áreas de alto riesgo. Sin embargo, los expertos advierten que se requieren medidas estructurales para mejorar la prevención de estos incidentes. Especialistas de Greenpeace, citados por el medio Marine Insight, han destacado la importancia de las grandes ballenas en la regulación climática, ya que ayudan a redistribuir nutrientes desde las profundidades hacia la superficie, lo que favorece el crecimiento del fitoplancton, un organismo crucial para la captura de dióxido de carbono.
Desde una perspectiva económica, los accidentes que involucran a ballenas también generan problemas financieros para las empresas, debido a las investigaciones por daños a los buques, reclamaciones de seguros, retrasos en las operaciones y el impacto negativo en la reputación de las compañías involucradas.

