La dermatitis atópica afecta a un 15-25% de niños y un 3-5% de adultos. Conoce sus síntomas, tratamientos y el impacto en la vida diaria de los pacientes.
La dermatitis atópica es una enfermedad autoinmune que afecta la piel y tiene un impacto significativo en un porcentaje considerable de la población. Esta condición se caracteriza por una picazón intensa y persistente, y las lesiones pueden aparecer en diversas áreas del cuerpo, incluyendo la cara, el cuero cabelludo, las orejas y el dorso de las manos y extremidades. Aunque la dermatitis atópica suele manifestarse con mayor frecuencia en la infancia, especialmente durante los primeros seis meses de vida, también puede presentarse en la adultez. Según la doctora Débora Kaplan, presidenta de la Sociedad Argentina de Psoriasis (SOARPSO), “afecta aproximadamente entre el 15% y el 25% de los niños y adolescentes, y entre el 3% y el 5% de los adultos”. La enfermedad no se presenta de la misma manera en todos los pacientes, ya que la gravedad y la sintomatología pueden variar considerablemente.
La doctora Kaplan enfatizó que, aunque no existe una cura definitiva para la dermatitis atópica, “un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado a tiempo pueden ayudar a controlar los síntomas”. En este contexto, el Día Mundial de la Dermatitis Atópica se celebra cada 14 de septiembre, con el objetivo de visibilizar los problemas que enfrentan quienes padecen esta condición.
Un relevamiento realizado por la Asociación Civil para Enfermos de Psoriasis (AEPSO) ha revelado datos preocupantes sobre las dificultades económicas y de salud mental que enfrentan los pacientes, especialmente en los últimos meses. La afección tiene un impacto significativo en la vida diaria de los afectados, lo que incluye cambios en su rutina cotidiana. Silvia Fernández Barrio, de AEPSO, describió cómo esta condición modifica la vida de los pacientes: “Atraviesa todos los ámbitos: familiar, laboral y social. Muchas personas con dermatitis atópica manifiestan un aumento en los niveles de estrés, ansiedad y depresión, así como dificultades para conciliar el sueño”.
La encuesta realizada entre el 12 y el 29 de julio de 2024 incluyó a 299 participantes con dermatitis atópica, de los cuales 1 de cada 4 presentaba cuadros severos de la enfermedad. La edad promedio de los encuestados fue de 31,6 años, y la gran mayoría eran mujeres. En la encuesta, el 21% de los participantes indicó que debió cambiar su plan de salud a uno con menor cobertura debido a los altos costos. Además, el 44,8% de los encuestados tuvo que reducir o abandonar sus medicamentos porque no podían cubrir el costo, mientras que el 67,2% recurrió a opciones genéricas. Un 48% de los participantes indicó que había postergado o cancelado consultas médicas por razones financieras, y el 57% tuvo dificultades para encontrar profesionales que aceptaran su cobertura de salud.
El estudio también reveló que el 47,2% de los encuestados había comprado medicamentos alguna vez sin receta, lo que indica una tendencia a la automedicación, lo que demuestra la existencia de barreras para acceder a un tratamiento adecuado. Por otro lado, el 52,5% de los participantes tuvo que recurrir a tratamientos alternativos, aunque estos eran costosos. En cuanto a los estudios médicos, el 35% recibió indicaciones para realizar análisis de laboratorio o imágenes, y el 16,2% de los encuestados pudo realizarlos, pero a un costo elevado. La encuesta reflejó un alto impacto emocional, ya que el 62,5% de los participantes indicó que la evolución de su enfermedad obligó a realizar cambios significativos en su vida.
María Eugenia Abad, de la Sociedad de Dermatología Pediátrica de Latinoamérica (SDPL), señaló que es fundamental evitar factores externos que interfieran con el tratamiento, ya que esto puede retrasar el alivio y empeorar el pronóstico en casos graves. Las características de la dermatitis atópica están asociadas a factores genéticos, ambientales e inmunológicos que afectan la barrera cutánea. Es común que esta afección coexista con otras condiciones como rinitis, asma y alergias alimentarias. Los pacientes con dermatitis atópica moderada o severa que no están controlados adecuadamente tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y obesidad.
El tratamiento de la dermatitis atópica requiere un enfoque multidisciplinario, y para los casos severos se utilizan tratamientos convencionales que incluyen cremas corticoides para disminuir la inflamación. En los últimos años, han surgido nuevas terapias que han mejorado el pronóstico de los pacientes. Entre estas innovaciones se encuentran los tratamientos biológicos, como los inhibidores de interleuquinas 13 y los inhibidores de JAK, que han demostrado ser eficaces en el tratamiento de la dermatitis atópica. La doctora Kaplan explicó que “el dermatólogo y el alergólogo deben trabajar de manera interdisciplinaria, beneficiando al paciente con un cuidado simultáneo de su alergia”.
Los individuos con dermatitis atópica pueden experimentar brotes que varían desde leves hasta graves, y las lesiones pueden cubrir áreas extensas de la piel, lo que puede llevar a infecciones. Esto, además de causar malestar físico, puede afectar la apariencia y, en consecuencia, la autoestima de la persona. La doctora Barrios destacó la importancia de que los responsables del sistema de salud comprendan la magnitud de la calidad de vida de los pacientes, y en este sentido, se organizó un congreso virtual titulado “Atopika: conociendo en profundidad”, que se llevará a cabo el 11 de septiembre a partir de las 19 horas. Durante este evento, especialistas locales y regionales abordarán los avances terapéuticos en el tratamiento de la dermatitis atópica y discutirán cómo mejorar el acceso a la atención y concientizar sobre el impacto de esta enfermedad.

