Masa madre, un método ancestral de fermentación, leuda el pan sin levaduras comerciales, ofreciendo un sabor único y beneficios para la salud.
La masa madre es un método tradicional de fermentación que permite la elaboración de pan sin la necesidad de utilizar levaduras comerciales. Este proceso se basa en una mezcla simple de harina y agua en partes iguales, que, al ser mantenida en un frasco cerrado a temperatura ambiente, aprovecha las levaduras y bacterias naturales presentes en el ambiente para iniciar la fermentación. La técnica de la masa madre tiene sus orígenes en tiempos antiguos, específicamente en el antiguo Egipto, y ha perdurado a lo largo de los siglos como una práctica fundamental en la panadería tradicional.
La elaboración de pan con masa madre requiere un proceso que puede extenderse a lo largo de varios días, pero el resultado es un producto que se caracteriza por tener una corteza crujiente, una miga densa y un sabor ligeramente ácido que lo distingue de otros tipos de pan. Este método es adaptable a cualquier tipo de harina, aunque se recomienda el uso de harinas no refinadas, ya que las de grano entero conservan una mayor cantidad de nutrientes naturales. Los panes elaborados con masa madre se diferencian notablemente de otros por su textura y durabilidad, además de presentar una opción más saludable.
En cuanto a los beneficios para la salud que ofrece el pan de masa madre, estos dependen en gran medida de las condiciones específicas de fermentación y del proceso de leudado, que es impulsado por el microbioma formado por las bacterias presentes en la harina. A pesar de las variaciones en la elaboración, ciertos componentes del pan de masa madre tienen efectos positivos en la salud. Por ejemplo, durante la fermentación, se consumen carbohidratos de la harina, lo que reduce la presencia de oligosacáridos digeribles, fructanos y rafinosa, compuestos que pueden causar molestias en personas con síndrome de intestino irritable (SII). Por lo tanto, el pan de masa madre podría ayudar a evitar estos malestares gastrointestinales.
Expertos de la Mayo Clinic han señalado que la reducción del contenido de carbohidratos en el pan de masa madre puede ayudar a controlar el índice glucémico, que mide la rapidez con la que los azúcares entran en la sangre después del consumo. Un alto índice glucémico puede provocar picos de glucosa en sangre, lo que incrementa el riesgo de desarrollar diabetes, hipertensión y enfermedades cardíacas. Además, los ácidos orgánicos producidos por los microorganismos durante la fermentación contribuyen a inhibir el crecimiento de microbios dañinos en el pan, preservando así sus valores nutricionales a lo largo del tiempo.
De acuerdo con un estudio publicado en la National Library of Medicine (NIH) de Estados Unidos, se sugiere que los componentes del pan de masa madre actúan como probióticos que favorecen la salud intestinal y mejoran la absorción de nutrientes. La principal diferencia entre el pan de masa madre y el pan común radica en los ingredientes utilizados, lo que influye en el sabor y las propiedades de ambos. El pan de masa madre se elabora mediante un fermento natural que utiliza una mezcla de harina y agua, y puede tardar hasta cinco días en estar listo. Este fermento, conocido como “madre”, le otorga al pan su característica densa. La fermentación lenta y prolongada también descompone las proteínas, lo que lo hace más digestible y ayuda a tolerar mejor el gluten.
Por otro lado, el pan común típicamente utiliza levadura comercial, lo que acelera el proceso de preparación y resulta en un pan más suave y esponjoso, pero con una complejidad de sabor menor. Además, el pan comercial suele contener aditivos y conservantes que mejoran la textura y prolongan la vida útil, algo que generalmente no se encuentra en el pan artesanal.
En cuanto a la elección entre pan de masa madre e integral, las harinas integrales son aquellas que incluyen el grano completo, lo que significa que conservan el salvado y la capa externa de los cereales. Esta característica convierte a las harinas integrales en una excelente fuente de fibra dietética, que mejora la digestión y aporta nutrientes esenciales que se pierden en las harinas refinadas. Por lo tanto, el consumo de pan integral se asocia con una dieta equilibrada y beneficiosa para la salud. Además, el pan integral destaca por su durabilidad en comparación con otros tipos de pan, facilitando la descomposición de algunos carbohidratos complejos y permitiendo su conservación durante largos períodos.
La elección de consumir pan de masa madre o pan integral depende de las preferencias personales y de los objetivos individuales de cada persona. Ambos tipos de pan ofrecen características únicas que pueden ser incorporadas según las necesidades y gustos de cada individuo.
El gluten presente en el pan de masa madre se debe a la elaboración con harinas que contienen esta proteína, como el trigo. Durante el proceso de fermentación, el gluten se descompone parcialmente, lo que significa que las cadenas de gluten se rompen en fragmentos más pequeños. Esto reduce su presencia, aunque no desaparece por completo. Sin embargo, para las personas con sensibilidad al gluten (que no son celíacas), el pan de masa madre puede ser más tolerable debido a que el gluten se encuentra parcialmente descompuesto, lo que facilita su digestión. Investigadores de la Universidad de Pensilvania han indicado que “los panes de masa madre tienen un gluten más tolerable”.
Actualmente, científicos de Penn State y Colorado University están investigando si es necesario realizar modificaciones en los productos de panadería para mejorar su calidad. Se ha demostrado que el uso de Lactobacillus plantarum es útil para fermentar especialmente el sarraceno y el tártaro, mejorando tanto la calidad como el valor nutricional de los productos, tanto frescos como congelados. La investigación concluyó que, tras 12 horas de fermentación, el tártaro produce moléculas pequeñas de aminoácidos.
Para preparar masa madre, se pueden seguir los siguientes pasos:
1. Comenzar con una mezcla de harina y agua.
2. Alimentar la mezcla regularmente.
3. Observar la aparición de burbujas, lo que indica actividad fermentativa.
4. Desechar parte de la mezcla y alimentar nuevamente.
5. Repetir este proceso durante varios días.
6. Evaluar la actividad de la masa madre para determinar su estado de fermentación.

