Perla Catherine Mayo Merchan, reconocida por su labor en la prevención de la discapacidad visual, impulsa la concientización sobre la importancia de la visión.
Según datos proporcionados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que forma parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que aproximadamente 1,300 millones de personas en el mundo padecen algún tipo de deficiencia visual. Esta situación afecta a miles de individuos en el planeta. En este contexto, Perla Catherine Mayo Merchan, una profesora uruguaya especializada en educación especial, decidió establecerse en Argentina, donde su vida y la de muchos otros se transformaron.
Recientemente, en un emotivo evento que tuvo lugar en el salón de actos de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, Mayo fue reconocida como “Personalidad Autónoma de Buenos Aires” por su labor en el ámbito de la prevención, rehabilitación y capacitación en patologías relacionadas con la discapacidad visual. Este reconocimiento se debe a su trabajo en la creación del Bastón Verde en 1997, un instrumento diseñado para la orientación y movilidad de personas con baja visión. En sus propias palabras, Mayo expresó: “Además de estar emocionada por la distinción, también lo estamos por el nuevo proyecto de ley que se tratará hoy en CABA, el cual establecerá una semana de concientización sobre la prevención visual a finales de septiembre, en cercanía con el Día que se conmemora cada 26 de septiembre”.
Mayo destacó la importancia del Bastón Verde, que tiene un doble propósito: por un lado, sirve como guía para quienes lo utilizan y, por otro, permite a los transeúntes identificar a estas personas, facilitando así una ayuda más efectiva en caso de que sea necesaria. “Si bien me declararon personalidad por mi trayectoria y la creación del Bastón Verde, es importante que esta ayuda salga a la luz para que se comprenda la importancia de la visión y se puedan acceder a tratamientos que permitan recuperarla o mejorarla, además de que se tenga un trato cordial en la calle”, afirmó.
La profesora también recordó cómo surgió la idea del Bastón Verde, mencionando a una de sus alumnas, Analía, quien tenía una visión limitada y utilizaba un bastón blanco, que es el símbolo que identifica a las personas ciegas. Sin embargo, la realidad era que Analía podía ver, lo que generaba confusiones en la calle. “Mis alumnos, al subir al colectivo, leían, y la gente se acercaba diciéndoles que no eran ciegos, que estaban fingiendo. Miraban las vidrieras y juzgaban. Ella quería usar el bastón en la facultad, pero la insultaban diciéndole que era una ciega mentirosa”, relató Mayo.
Ante esta situación, el equipo de Mayo decidió hacer un seguimiento del caso. Analía dejó la psicología después de unos meses y se volvió independiente. “Pinté un bastón con spray, de manera muy casera. La llamé y le dije que era una mentira piadosa: ‘Mira, llegó de Estados Unidos el bastón para la visión’”, recordó. La reacción de Analía fue positiva, y Mayo describió el momento como “emocionante”: “Salimos por primera vez y mantuve unos metros de distancia para ver su reacción social. Cuando cruzó, alguien se acercó y le preguntó si necesitaba ayuda. Al terminar de cruzar la avenida, le preguntaron qué había respondido, y ella dijo: ‘Porque tengo un bastón, soy ciega’. Esa es la historia”.
Posteriormente, Mayo fundó el Centro de Baja Visión, donde se desempeña como directora. En esta institución, ha dedicado su vida a evaluar las condiciones de las personas con deficiencia visual, proporcionando apoyo terapéutico para mejorar su calidad de vida. “El símbolo de una persona que sufre de problemas de visión son los pacientes, tanto menores como mayores, que padecen de degeneración macular, cataratas operables, retinopatía, glaucoma, atrofia del nervio óptico, entre otras enfermedades. Esto sucede cuando el paciente logra una agudeza visual de 3 décimas o mayor a 20 grados”, explicó. “Estos casos pueden corregirse mediante lentes o cirugía, y serían aptos para recibir tratamiento. Sin embargo, lamentablemente, la problemática no está siendo difundida adecuadamente, y el Ministerio de Salud de la Nación no está cumpliendo con la normativa de 2002 que obliga al Estado a proveer bastones verdes y a impulsar campañas para identificarlas y ayudarlas”, enfatizó la experta.
A nivel mundial, varias legislaciones han reconocido la importancia del Bastón Verde. “Se concretó una ley en 2011 en Uruguay y en 2018 en Brasil; se han presentado iniciativas en Colombia, Ecuador, Perú, Costa Rica y Honduras. Sin embargo, en nuestro país aún falta que el Gobierno reciba estas propuestas para mejorar el estilo de vida de las personas con discapacidad visual”, destacó. Mayo también mencionó que hay etapas en el proceso de rehabilitación, donde se realizan pruebas funcionales y se utilizan elementos ópticos especiales para determinar si el paciente tiene remanente visual. “Si se determina que hay remanente, se pueden realizar ejercicios visuales y utilizar ayudas ópticas. Esta sería la segunda etapa, donde se puede recuperar la lectura y la escritura, y muchos niños pueden tener derecho a una verdadera inclusión”, comentó.
Mayo compartió una historia inspiradora sobre una joven llamada Tatiana, de 19 años, quien durante 18 años fue diagnosticada con ceguera y le dijeron que no había nada que hacer. Sin embargo, tras un año y dos meses de rehabilitación, Tatiana recuperó gran parte de su visión y se anotó para cursar una carrera universitaria. “Es importante pensar en la posibilidad de crecer y en las oportunidades que se pueden generar, como sucedió con Analía”, concluyó Mayo. La OMS estima que 413 millones de personas padecen de deficiencia visual, y se anticipa que esta cifra aumentará. Muchas de estas personas ven de manera limitada; por ejemplo, algunos tienen dificultades para moverse con facilidad o leer señales, mientras que otros ven a través de un “tubito”. El Bastón Verde simboliza a quienes tienen una visión reducida y representa la esperanza de “ver de nuevo”.

