
El gobierno de Javier Milei ha tomado la decisión de retirar a Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que ha reavivado el debate sobre el papel y la efectividad de las organizaciones internacionales en la salud pública. Esta medida, comunicada por el vocero presidencial Manuel Adorni, se enmarca en una serie de cuestionamientos hacia la gestión de la OMS durante la pandemia de COVID-19. La decisión sigue el camino trazado por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien también ordenó la salida de su país de la OMS. La iniciativa será implementada por el canciller Gerardo Werthein, quien fundamenta la decisión en las diferencias sobre las políticas sanitarias globales y el respaldo a las políticas de aislamiento durante la pandemia.
Motivos de la decisión
El gobierno argentino ha justificado su decisión argumentando que la OMS respaldó decisiones que llevaron al cierre de escuelas, a la pérdida de ingresos de trabajadores y al colapso de pequeños comercios. Según el comunicado oficial de la Presidencia, se considera que la OMS no cumplió su rol durante la crisis sanitaria, al promover confinamientos prolongados sin suficiente sustento científico, lo que generó perjuicios económicos y sociales diversos. “Desde que asumí el compromiso de acompañar al presidente Javier en la conducción del Ministerio de Salud, estoy convencido de que para reordenar el sistema sanitario tenemos que revertir más de 70 años de fracasos. Empezamos pidiéndoles a las provincias que sean protagonistas de la salud pública, así lo marca la Constitución Nacional”, afirmó el ministro Mario Lugones.
Impacto en la política sanitaria
La decisión de retirar a Argentina de la OMS obliga a redefinir los lineamientos sanitarios y a establecer nuevas estrategias de cooperación. Hasta ahora, muchas de estas estrategias se basaban en consensos y en la participación de expertos. El retiro de la OMS afectará la continuidad del Calendario Nacional de Vacunación y el acceso a insumos esenciales. Lugones ha señalado que seguirá colaborando con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que opera de manera independiente y facilita el financiamiento regional. “Argentina recibe financiamiento aunque los proyectos técnicos pueden recibir financiamiento, estos se efectivizan mediante la OPS. Es importante destacar que salir de la OMS significa que la OPS preexistente depende de la OEA“, destacó Lugones.
Acuerdos y certificaciones
La OMS otorga certificaciones a laboratorios y regula normativas de la industria farmacéutica, lo que influye en la producción y distribución de medicamentos. Al desvincularse de la OMS, Argentina podría enfrentar nuevos desafíos para acceder a ciertos productos validados a nivel global. Sin embargo, la ANMAT aprueba medicamentos de forma autónoma. La viceministra de Salud, Cecilia Loccisano, aseguró que “siempre hemos trabajado en esa línea y vamos a continuar haciéndolo”. Por su parte, el ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, Fernán Quirós, cuestionó al gobierno por desvincularse de la OMS, afirmando que “los gérmenes respetan fronteras, ideologías y tipos de países”.
Debate sobre la eficacia de las organizaciones internacionales
La decisión de Argentina ha planteado un debate sobre el impacto y la utilidad de las organizaciones internacionales en la salud pública. Se ha argumentado que la OMS ha afectado la soberanía de los países y que su función debe ser reevaluada. Este argumento ha sido utilizado para justificar la decisión de abandonar la organización, alegando que sus políticas han tenido efectos negativos en la salud pública.
Implicaciones para el futuro
La salida de Argentina de la OMS influirá en la participación del país en foros de salud y en acuerdos bilaterales y regionales sobre tecnologías médicas y tratamientos. Ser miembro de la OMS conlleva responsabilidades establecidas en la Constitución y normativas de la organización. Las contribuciones financieras son obligatorias y se calculan según el Producto Interno Bruto (PIB) y la población de cada país. Además, los países deben realizar aportes voluntarios destinados a programas específicos y campañas de salud pública.
La participación en la OMS permite a los países tener voz en el principal órgano de discusión y aprobación de políticas de salud. También implica la implementación de recomendaciones y la cooperación a través del intercambio de información y experiencias. La OMS tiene la obligación de informar periódicamente sobre la situación de salud en los territorios, lo que incluye datos sobre enfermedades y mortalidad. La organización proporciona acceso a datos, informes y asesoramiento técnico, lo que permite a los países formular respuestas efectivas a emergencias de salud y solicitar asistencia en la capacitación y vigilancia epidemiológica.