La relación entre problemas de visión y el riesgo de desarrollar demencia en etapas avanzadas de la vida, según un estudio reciente.
La memoria es una función esencial en los seres humanos, ya que permite aprender, recordar y almacenar información. La pérdida de memoria puede ser un indicativo de problemas de salud, y su naturaleza puede variar, ya sea por el envejecimiento normal o por condiciones patológicas. Entre estas últimas, se encuentra el Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que afecta a millones de personas en todo el mundo. Según un informe reciente publicado por The Lancet, se ha identificado que la visión no tratada en edades avanzadas, junto con otros factores de riesgo, está asociada al desarrollo de demencias, sumándose a otras doce causas ya conocidas. Se estima que el 2% de los casos de esta enfermedad neurodegenerativa son atribuibles a problemas visuales.
La evidencia actual sugiere que la pérdida de sensibilidad visual podría anticipar la demencia hasta 12 años antes de que se realice un diagnóstico formal. Un estudio publicado en Scientific Reports, llevado a cabo en Norfolk, Inglaterra, siguió a 8,623 personas sanas a lo largo de varios años y descubrió que la reducción en la sensibilidad visual puede ser uno de los primeros signos de demencia. Al finalizar el estudio, 537 de los participantes habían desarrollado la enfermedad, lo que permitió a los investigadores identificar indicadores previos al diagnóstico.
Una de las pruebas clave en esta investigación consistió en observar la capacidad de los participantes para detectar puntos en movimiento dentro de un triángulo. Aquellos que posteriormente desarrollaron demencia mostraron una demora significativa en la detección de estos puntos en comparación con aquellos que no desarrollaron la enfermedad. Los investigadores sugieren que estas diferencias pueden estar relacionadas con la presencia de placas amiloides, que son características de la enfermedad de Alzheimer y que afectan áreas del cerebro asociadas con la memoria.
Además de la visión, otros estudios han destacado aspectos relacionados con el Alzheimer, como la dificultad para diferenciar colores. Otra investigación proporcionó más información sobre el seguimiento ocular como un biomarcador útil para el diagnóstico y la evaluación de la enfermedad. Se observó que las personas con demencia tenían dificultades para ignorar distracciones, lo que aumentaba el riesgo de accidentes. También se destacó que en las primeras etapas de la enfermedad, se presentan alteraciones sutiles en la inhibición cognitiva que pueden ser detectadas mediante paradigmas oculares, las cuales suelen pasar desapercibidas en evaluaciones cognitivas tradicionales. Esto subraya la importancia de utilizar métodos alternativos para la detección temprana de la demencia.
Los expertos han observado que las personas con demencia tienden a procesar de manera ineficiente los rostros nuevos. En lugar de seguir el patrón habitual de escanear los ojos, la nariz y la boca, los pacientes “graban” incorrectamente los rostros, lo que afecta su capacidad para reconocerlos posteriormente. Este problema inicial en el reconocimiento facial se asocia con movimientos oculares ineficaces, lo que no es un trastorno en sí mismo, según los investigadores. También se explora la posible asociación entre el rendimiento cognitivo y el movimiento ocular.
Existen ciertas fallas en la memoria que pueden ser indicativas de problemas mayores, tales como: dificultad para aprender cosas nuevas, problemas para comprender conceptos que antes eran fáciles, olvidar conversaciones rápidamente, perderse en lugares familiares y repetir historias con frecuencia. Los seres queridos suelen ser los primeros en notar que algo no anda bien.
Algunos de los primeros signos preocupantes de problemas de memoria incluyen: hacer las mismas preguntas repetidamente, utilizar palabras comunes de manera incorrecta, mezclar palabras (por ejemplo, decir “cama” en lugar de “mesa”), tardar más tiempo en completar tareas familiares o recetas, extraviar objetos en lugares inapropiados (como poner la billetera en el cajón de la cocina), y tener cambios de humor o comportamiento sin motivo aparente.
Para retrasar el deterioro de la memoria, se recomienda practicar actividad física, estimular el cerebro, mantener relaciones sociales, seguir una buena rutina de descanso y llevar una dieta saludable.

