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¿Qué revela la nueva adaptación de “La vorágine” sobre la realidad actual en Colombia?

"La Vorágine": un siglo de amor y lucha en la imponente selva amazónica.
"La Vorágine": un siglo de amor y lucha en la imponente selva amazónica.

La obra “La vorágine”, escrita por José Eustasio Rivera, es considerada una de las grandes novelas de la literatura colombiana y latinoamericana. Publicada el 24 de noviembre de 1924, esta novela comienza como una historia de amor, pero rápidamente se transforma en una épica aventura en la selva amazónica, además de ser un relato social que denuncia las terribles condiciones de los trabajadores en las plantaciones de caucho en la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil a comienzos del siglo XX.

La historia se centra en Arturo Cova, un poeta sin recursos materiales que se enamora de Alicia, una joven adinerada prometida de un viejo terrateniente. A medida que avanza la trama, el relato se convierte en un detallado recorrido por la Amazonía, además de ser un manifiesto de la identidad nacional.

José Eustasio Rivera nació en 1888 en el pequeño municipio de San Mateo, que más tarde se denominaría Rivera, en el departamento de Huila, Colombia. Se formó como abogado y comenzó a trabajar como funcionario en el ministerio del Gobierno antes de terminar su carrera universitaria. En 1921, publicó un volumen de poemas titulado “Tierra de promisión”, que tuvo un rápido reconocimiento en los círculos literarios de la época, incluyendo a destacados políticos.

Su trabajo en la Comisión limítrofe Colombo-Venezolana, que tenía sede en Sogamoso, Boyacá, y que incluía frecuentes viajes a regiones fronterizas, le permitió observar de primera mano las condiciones de vida en esos territorios inhóspitos. Fue durante estos viajes que Rivera escribió “La vorágine”, inspirándose en las condiciones de explotación y abuso que presenció.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la fiebre del caucho, impulsada por el descubrimiento de la vulcanización por Charles Goodyear, había disparado la demanda de látex, un material que se obtenía de un árbol selvático que crece especialmente en la región amazónica. Este negocio generó enormes riquezas y estimuló el comercio, lo que llevó a la creación de modernas ciudades, pero también a la explotación y el trabajo esclavo de cientos de personas.

José Eustasio Rivera fue testigo de los abusos a los que eran sometidos los indígenas y campesinos, y escribió múltiples cartas a las autoridades y periódicos de la época, aunque sus denuncias no fueron tomadas en cuenta. En 1923, sus denuncias documentadas llegaron hasta el consulado colombiano en Manaos, pero la Cancillería colombiana no respondió.

Finalmente, su frustración se desató en un texto que describe la cruel explotación, la tortura e incluso el asesinato de decenas de personas a manos de empresarios del caucho, reflejando el inhumano contraste entre el progreso de unos pocos y la desgracia de muchos. “La vorágine” logró despertar el interés de muchos, y algunos la consideraron un genocidio en desarrollo.

Investigadoras como Erna von der Walde y Margarita Serje han señalado que “cien años después, la vorágine es uno de los grandes clásicos de la literatura latinoamericana”. La novela ha trascendido su tiempo y se ha convertido en un referente cultural, siendo reconocida por su relevancia en la actualidad.

La obra ha sido adaptada en varias ocasiones, incluyendo una película en 1949 dirigida por el mexicano Miguel Zacarías, una versión para televisión en 1975 por RTI, y otra en 1990 escrita por Lisandro Duque. En 2016, se realizó una edición gráfica, y recientemente, con motivo del centenario de la obra, se han presentado versiones teatrales. Actualmente, se está filmando una miniserie de ocho capítulos que se espera estrene en televisión en 2025.

José Eustasio Rivera falleció el 1 de diciembre de 1928 en el Polyclinic Hospital de Nueva York, víctima de una hemorragia cerebral de origen malárico. Su muerte ha sido objeto de especulación, y algunos familiares han sugerido que pudo haber sido asesinado debido a su crítica a los intereses de los petroleros colombianos y su oposición a los viejos partidos tradicionales.

La obra “La vorágine” sigue siendo un testimonio poderoso de la explotación y la violencia en la Amazonía, y su relevancia continúa vigente en el contexto actual.

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