La experiencia de hospedarse en un hotel de lujo se caracteriza por una serie de elementos que crean un ambiente de confort y bienestar. Uno de los aspectos más destacados es la presencia de un aroma distintivo que se encuentra en todos los rincones del establecimiento, desde los productos de tocador hasta el lobby y los ascensores. Esta fragancia característica no solo contribuye a la identidad del hotel, sino que también genera una sensación de confort inconfundible. En este contexto, la tendencia de dotar al hogar de un sello olfativo propio se ha consolidado como una de las claves para recrear la atmósfera de un hotel de lujo sin necesidad de salir de casa.
La propuesta se basa en un principio sencillo: introducir una vela aromática distintiva en cada espacio, especialmente en la entrada, que es el primer ambiente que se recorre al llegar a casa. Esta estrategia, que los hoteles emplean para reforzar su identidad, puede replicarse fácilmente en el hogar utilizando velas o difusores en puntos clave como baños y recibidores. Durante el invierno y el verano, esta práctica invita a experimentar fragancias que evocan paraísos tropicales o el calor de un fuego de chimenea, asociado a cada estación. De hecho, esta tendencia ha llevado a que cadenas hoteleras y resorts ofrezcan sus propias líneas de difusores, permitiendo trasladar ese aire exclusivo al entorno doméstico.
Infobae Deco consultó a Ana Goti, gerente general del Gran Meliá Iguazú, quien compartió secretos sobre cómo replicar la experiencia hotelera en casa: “Para nosotros, la cama es siempre protagonista. Es el corazón de la experiencia de descanso y por eso cuidamos cada elemento: sábanas de algodón puro, edredones blancos, nórdico blanco impecable y muchas almohadas. Nuestro objetivo es transmitir calma y pureza”. La decoración en este contexto responde a la filosofía de “menos es más”, utilizando colores claros y espacios no recargados, donde el diseño acompaña sin invadir.
La iluminación también se convierte en un aliado fundamental: debe ser tenue y cálida, pensada para invitar a la paz y la relajación. El baño, tradicionalmente asociado al bienestar, se presenta como otro escenario propicio para la transformación del hogar. Incorporar elementos de spa, como un calentador de toallas o una bandeja en la bañera con productos aromáticos, puede elevar la rutina diaria. La inversión en toallas de alta calidad, mullidas y suaves, así como la creación de una barra de amenities con lociones y jabones coordinados, contribuye a la sensación de lujo. En este sentido, Goti remarca: “Los baños, por ejemplo, se transforman en pequeños santuarios: batas amplias, inspiradas en la naturaleza local, bandejas y frascos dispuestos con sobriedad, y el detalle vivo de flores frescas”.
La experiencia hotelera se caracteriza por lujos inesperados, como la presencia de un minibar o una estación de café en la habitación. Inspirados en las historias de quienes han instalado cafeteras en sus vestidores, se recomienda instalar una pequeña cafetera para preparar bebidas como té en el dormitorio, separada de la cocina. El simple hecho de tener una cafetera mini y un refrigerador en el dormitorio puede aportar un toque lúdico y renovar la rutina matutina, evocando la sensación de estar de vacaciones.
La organización y el orden visual son otros aspectos fundamentales. Las habitaciones deben transmitir amplitud y serenidad, lo que se logra mediante la ausencia de objetos innecesarios y superficies despejadas. Eliminar el desorden y guardar fuera de la vista lo que no se necesita, aunque sea de manera temporal, genera un efecto positivo, ya que despejar encimeras y mesas de noche permite que el espacio se perciba más amplio y armonioso. La iluminación, cuidadosamente planificada, desempeña un papel esencial en la creación de ambientes acogedores. Es importante prestar especial atención a la luz alrededor de la cabecera, incorporando lámparas de lectura y luces puntuales. Añadir una lámpara sobre la cómoda no solo facilita la lectura, sino que también ayuda a preparar el cuerpo para el descanso, mientras que fuentes de luz pequeñas favorecen la relajación.
Por último, la ropa de cama representa uno de los placeres más reconocibles de la hotelería. Renovar los modelos, incorporar un edredón extragrande y cambiar las almohadas de descanso son acciones que pueden transformar la experiencia. Hacerlo de manera regular, esponjando y ajustando para lograr un aspecto cuidado y deliberado, no implica necesariamente gastar una fortuna, sino que se trata de cuidar los pequeños cambios que, aunque sutiles, pueden hacer que lo cotidiano se sienta especial.

