El reconocido actor Samuel L. Jackson compartió una anécdota que parece sacada de una película de comedia o un thriller. Durante una entrevista en el programa The Graham Norton Show, relató cómo conoció al legendario Marlon Brando, considerado por muchos como uno de los mejores actores de todos los tiempos. Sin embargo, su encuentro memorable terminó con una sorpresa inesperada: el número de teléfono que le dio resultó ser el de un restaurante chino. Según detalló un medio que reportó la historia, este peculiar episodio ocurrió en un evento en Nueva York donde ambos coincidieron.
De acuerdo a lo narrado por Jackson, el encuentro tuvo lugar durante una serie de conciertos ofrecidos por Michael en la ciudad de Nueva York. En las noches, estaba en el backstage esperando su turno para presentar a artistas como Whitney Houston y Usher cuando escuchó a alguien recitando el icónico monólogo de Ezequiel 25:17 de Pulp Fiction. Este monólogo se ha convertido en una de las escenas más recordadas de la filmografía de Jackson y es frecuentemente citado por sus admiradores.
Lo que sorprendió a Jackson fue descubrir que quien recitaba no era un fan cualquiera, sino el mismísimo Marlon Brando. Jackson quedó atónito al darse cuenta de que la figura legendaria del cine solo conocía su trabajo y había memorizado diálogos emblemáticos. Jackson explicó que expresó su admiración y propuso intercambiar números para seguir conversando, lo que parecía el inicio de una relación profesional y amistosa. Sin embargo, el cambio fue completo cuando intentó comunicarse con él más tarde esa noche.
Al llamar al número proporcionado, encontró una respuesta insólita: alguien contestó afirmando que estaba llamando a un restaurante chino. Jackson comentó que esta estrategia era utilizada por Brando para proteger su privacidad. “Cada vez que llamaba, me decían que era una lavandería china”, dijo Jackson. Al parecer, un asistente se encargaba de responder las llamadas de esta manera, evitando así que cualquier persona pudiera contactarlo directamente.
El legado y el impacto de Marlon Brando en Hollywood y en la historia del cine también fueron destacados. Con una carrera que comenzó en la década de 1950, protagonizó algunas películas influyentes como Un tranvía llamado deseo (1951) y La ley del silencio (1954), ambas dirigidas por Elia Kazan. Su estilo de actuación, basado en el método Stanislavski, revolucionó la forma en que los actores se preparaban para sus papeles y dejó una huella imborrable como referente de su generación, influyendo en generaciones posteriores. Su propia capacidad para transmitir emociones complejas y su compromiso con la autenticidad de cada uno de sus personajes son aspectos que lo han convertido en una de las principales inspiraciones para otros intérpretes.
El monólogo de Ezequiel 25:17, que Jackson recitó en uno de los momentos más memorables de la película dirigida por Quentin Tarantino, es utilizado por su personaje, Jules Winnfield, como una especie de mantra antes de ejecutar a sus enemigos. Aunque el texto no corresponde exactamente a un versículo de la Biblia, se ha convertido en una cita reconocida en el cine contemporáneo. Jackson interpretó este papel en 1994 y recordó que fue increíble escuchar a Brando recitarlo con tanta precisión.
Fue un momento curioso que refleja el respeto mutuo que existe entre dos leyendas del cine. Este gesto de recitar demuestra la actuación incluso de una figura tan icónica como Brando. La anécdota pone de manifiesto el duradero impacto cinematográfico que ambos actores han tenido en la industria. Mientras Brando dejó un legado innovador con interpretaciones inolvidables, continúa siendo una figura respetada en el cine contemporáneo, abarcando desde éxitos de taquilla como Parque Jurásico hasta colaboraciones con directores de renombre. Este hecho es un recordatorio de que el arte puede trascender y unir talentos en el reconocimiento mutuo dentro de la cultura popular.

