El encarcelamiento del alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, ha generado una ola de protestas en Turquía, reflejando la creciente insatisfacción de la población con el régimen actual. La situación ha sido descrita por la investigadora Begüm Uzun, quien en una entrevista con DW, afirmó que “lo que somos testigos hoy es la ira justificada de la generación joven, cuyo futuro le ha sido arrebatado tras un largo período de autoritarismo y pobreza persistente”. Esta declaración resuena con el descontento generalizado que ha llevado a miles de ciudadanos a las calles, exigiendo el respeto a sus derechos fundamentales.
Contexto de las protestas
En los últimos años, Turquía ha vivido momentos críticos que han sorprendido a su población. Cada vez que el Estado de derecho ha sido socavado, muchos ciudadanos se han preguntado si la situación podría empeorar, solo para descubrir que efectivamente lo ha hecho. El arresto de Imamoglu, un político con un historial de éxito electoral y un fuerte rival del presidente Recep Tayyip Erdogan, ha sido el último episodio en esta serie de eventos alarmantes.
Escalada autoritaria
El politólogo Berk Esen, de la Universidad de Sabancı, ha señalado que “lo que el régimen está haciendo contra Ekrem Imamoglu va más allá de todo lo que hayamos visto antes”. Esen describe la situación actual como una “escalada autoritaria sin precedentes”, indicando que, a diferencia de arrestos anteriores de periodistas y académicos, el encarcelamiento de Imamoglu representa una nueva dimensión de represión política.
La percepción pública es que Erdogan ha tomado esta medida por temor a no poder ganar las próximas elecciones de manera democrática. Según Esen, “Erdogan ha entendido que no puede vencer a Imamoglu, y quiso actuar antes de enfrentarse en la campaña electoral”. Este cambio en la dinámica política ha llevado a muchos a considerar que Turquía ha pasado de ser un régimen “competitivo-autoritario” a uno “hegemónico-autoritario”, similar a lo que ocurre en países como Rusia o Venezuela.
Implicaciones del arresto
Ekrem Imamoglu es visto como un símbolo de la posibilidad de un cambio democrático en Turquía. En 2019, logró recuperar la alcaldía de Estambul, un bastión del islamismo conservador durante 25 años. Antes de su arresto, había manifestado su intención de postularse para las elecciones presidenciales de 2028, desafiando a Erdogan o a su candidato.
La Constitución turca impide que Erdogan se presente nuevamente, pero se especula que podría intentar reformar la Carta Magna para eludir esta restricción. Esen ha comentado que “él y sus seguidores quieren que permanezca en el poder, por eso está remodelando su régimen”, y hasta ahora no hay indicios de que el partido esté buscando un sucesor.
Motivaciones detrás de la represión
El exasesor de Imamoglu, Murat Koyuncu, ha descrito a Erdogan como una persona vengativa, afirmando que “tiene rencor contra mucha gente”. Koyuncu sugiere que el arresto de Imamoglu es un acto de venganza, dado que Erdogan no tolera ser desafiado. En las elecciones locales del 31 de marzo de 2024, el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) perdió ante el CHP (Partido Republicano del Pueblo), en gran parte gracias a la influencia de Imamoglu.
Koyuncu ha afirmado que “hay muchísima gente que quiere vivir en una democracia real. Imamoglu representa su esperanza”, lo que es intolerable para Erdogan.
Perspectivas futuras
El futuro de la situación política en Turquía es incierto. Koyuncu ha expresado un pronóstico sombrío, sugiriendo que “estamos apenas en el comienzo” y anticipando un aumento en la represión, con más arrestos y un posible éxodo de jóvenes educados del país.
La directora del instituto de investigación de opinión IstanPol, Seren Selvin Korkmaz, también ha indicado que la presión sobre la oposición continuará aumentando, citando el caso del político kurdo Selahattin Demirtaş, quien ha estado encarcelado desde 2016. Korkmaz ha afirmado que “estamos hablando de un régimen que prohíbe o frena a sus estrellas brillantes”.
A pesar de los desafíos, el politólogo Berk Esen mantiene una perspectiva de esperanza, sugiriendo que Imamoglu se ha convertido en un símbolo de resistencia. Esen ha declarado que “la resistencia social es grande, porque la juventud no tiene nada que perder”. Sin embargo, también ha advertido que el camino hacia un cambio positivo será largo y difícil, con un deterioro de la situación antes de que pueda haber una mejora.

