El pensador argentino Juan José Sebreli, conocido por su obra El asedio a la modernidad, falleció recientemente, dejando un legado que sigue siendo relevante en el debate político contemporáneo. Su ensayo, publicado en 1991, se posicionó frente a las nuevas corrientes filosóficas que cuestionaban el universalismo y la idea de que todos los seres humanos son esencialmente iguales. A través de su análisis, Sebreli abordó cómo los particularismos culturales pueden llevar a prácticas que, aunque intolerables para Occidente, son comprensibles en otros contextos.
El asedio a la modernidad y sus conceptos centrales
En El asedio a la modernidad, Sebreli explora la tensión entre la modernidad y la posmodernidad, argumentando que la modernidad se caracterizaba por la creencia en el progreso y la razón como guías de la humanidad. En sus palabras, “la historia perdió el lugar de privilegio que tuvo en épocas anteriores, siendo sustituida por la ciencia como piloto”. Este cambio, según Sebreli, dio paso a nuevas disciplinas como la semiótica y la semiología, que, aunque no aportan contenido, se centran en el análisis del discurso.
El autor también plantea interrogantes sobre la moralidad de las prácticas culturales. Por ejemplo, se refiere a la ablación del clítoris y a los sacrificios humanos, cuestionando si estas prácticas pueden ser consideradas respetables en ciertos contextos culturales. En su análisis, menciona que “comprender el significado de costumbres antropófagas no implica aprobarlas”. Esta afirmación resalta la complejidad de juzgar prácticas culturales desde una perspectiva externa.
Cuestiones culturales y derechos humanos
Sebreli critica la idea de que todas las costumbres deben ser aceptadas sin cuestionamiento. En su obra, señala que “ni siquiera ser neutral, ya justificar un sacrificio ritual significa adoptar el punto de vista del sacrificador, pero también del sacrificado”. Esta reflexión invita a considerar la moralidad de las prácticas culturales, incluso aquellas que son sagradas para ciertas sociedades.
El autor también aborda la situación de las mujeres en diversas culturas, señalando que en algunas tradiciones, como las de ciertos pueblos bantúes, “el hijo debe aspirar a nada mejor que su padre”. Además, critica las leyes hinduistas que someten a las mujeres a la voluntad de sus padres y maridos, lo que limita su autonomía y derechos.
Indigenismo y la crítica a la conquista
En su análisis del indigenismo, Sebreli reflexiona sobre el trágico destino de los pueblos indígenas en América, argumentando que su sufrimiento no debe ser interpretado únicamente desde una perspectiva racial. En su obra, menciona que “los españoles fueron responsables del genocidio en América”, y que figuras como Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria fueron pioneros en reivindicar la condición humana de los indígenas, basándose en la doctrina cristiana occidental.
Sebreli también critica la idealización de las culturas originarias, afirmando que “ni aztecas ni incas tenían una filosofía capaz de defender los crímenes que infligían”. En este sentido, su obra se convierte en un análisis profundo de la historia y la cultura, cuestionando las narrativas simplistas que a menudo se presentan en el discurso contemporáneo.
La vigencia de sus ideas
La obra de Sebreli, a pesar de haber sido escrita hace más de tres décadas, se mantiene vigente en el contexto actual. Su crítica a la posmodernidad y su defensa de la razón y el progreso como valores universales continúan alimentando el debate sobre la identidad cultural y los derechos humanos. En sus palabras, “la tradición progresista occidental” es fundamental para entender el momento actual, y su análisis se presenta como un recurso valioso para quienes buscan comprender las complejidades de la cultura y la política en el mundo contemporáneo.

