Ocho cachorros fueron hallados muertos en un contenedor en Joplin, Missouri. La comunidad clama justicia tras este acto de crueldad animal.
La mañana del 8 de septiembre en Joplin, Missouri, Estados Unidos, el sol comenzaba a elevarse, pero para ocho cachorros desamparados, la llegada del día no representaba una esperanza de vida. Estos animales fueron hallados sin vida dentro de un contenedor plástico sellado, que había sido abandonado frente a la Sociedad Protectora de Animales de la ciudad, lejos de la puerta principal y parcialmente oculto entre arbustos. Cuando los empleados del refugio hicieron el descubrimiento, ya era demasiado tarde para los cachorros. Las altas temperaturas y el confinamiento en el contenedor resultaron ser letales. Un veterinario que examinó a los cachorros determinó que todos tenían apenas cinco semanas de edad. Atrapados en una trampa de plástico y expuestos a un calor implacable, sus vidas se extinguieron rápidamente.
El impacto de esta tragedia resonó profundamente en la comunidad local, que se mostró conmocionada ante la crueldad del acto. Las autoridades actuaron con rapidez. Gracias a las imágenes de vigilancia y a las pistas proporcionadas por ciudadanos anónimos, Seth Vaile, un hombre de 30 años y residente de Joplin, fue arrestado días después. Las pruebas lo vinculaban con el abandono de los animales, lo que le valió cargos de abuso animal, generando una conmoción en la comunidad tras el hallazgo y la indignación que este provocó.
Derek Walrod, subdirector de la Oficina del Sheriff del Condado de Jasper, expresó su desconcierto ante la situación: “Fue muy triste… No sé qué harían cuando estaba cerrado. Definitivamente, podría haber evitado”. Por su parte, la directora del refugio, Connie Andrews, no ocultó su frustración al dirigirse al público con un mensaje cargado de dolor: “Estamos desconsolados por estas muertes sin sentido”. Sus palabras resonaron como un llamado urgente a la compasión y al sentido común. Andrews continuó: “Puede que estemos llenos, pero rechazaríamos a estos bebés si las tarifas de entrega obligaran a alguien a hacer esto; hemos rechazado incluso a dueños que pudieran pagar”.
Aunque se suelen escuchar comentarios de personas que dejan a sus mascotas afuera, Andrews expresó que le alegraba que menos personas optaran por dejarlas en lugares donde pudieran ser encontradas y cuidadas. Sin embargo, decidió hacer una excepción en este caso: “A una persona le dejó una bolsa cerrada en la calle, un lugar donde se ve fácilmente”. Se preguntó: “Los encontramos, muertos. ¿Por qué dejaste esto aquí para que pudieran ser vistos?”. Esta implicación fue lo que dio un giro a la investigación.
Tras la publicación del caso en redes sociales, varias personas horrorizadas comenzaron a compartir información. No tardaron en llegar diversas llamadas anónimas que aportaron datos cruciales y corroboraron las sospechas, lo que condujo directamente a la investigación. Sin embargo, el caso no se cerró ahí. Un segundo nombre apareció en el radar de las autoridades: Samuel Allen, de 36 años, fue identificado como una persona de interés. Su relación con los hechos no estaba clara, pero fue detenido debido a órdenes de arresto pendientes por otros delitos. La investigación continuaba, y el jefe de policía, Randee Kaiser, advirtió que aún podrían presentarse más personas conforme se reunieran nuevas pruebas.
A pesar de la detención de Allen, el caso seguía abierto. Las autoridades mantenían activa la investigación, conscientes de que el descubrimiento de nuevos detalles podría arrojar luz sobre el oscuro incidente que resultó en la muerte de los cachorros. Kaiser subrayó la importancia de continuar indagando: “Esta es una investigación en curso, y descartamos la posibilidad de que no se presenten más detalles en el futuro”.

