El miedo ha comenzado a ser un tema recurrente en las conversaciones cotidianas, especialmente en el contexto político actual. Recientemente, se observó una presentación del presidente argentino Javier Milei, que fue descrita como un “brazo armado” y que evocó estéticas asociadas al fascismo. A pesar de que algunos miembros de su equipo intentaron restarle importancia al evento, afirmando que el arma era en realidad un teléfono celular, la situación generó un ambiente de tensión y preocupación. La brutalidad del mensaje no solo se encuentra en la forma, sino también en el contenido, que puede ser utilizado como un vehículo para reafirmar posturas amenazantes.
En este contexto, algunos intelectuales han comenzado a expresar sus opiniones sobre la controversia que rodea a los libros que se encuentran en las bibliotecas de los colegios secundarios de la provincia de Buenos Aires. Estos libros han sido criticados por contener descripciones sexuales explícitas. Las reacciones en redes sociales han sido intensas, con muchos usuarios de Twitter arremetiendo contra quienes defienden estos textos, utilizando argumentos que a menudo incluyen insultos y descalificaciones. Este tipo de discurso puede resultar paralizante, ya que se busca deslegitimar a quienes tienen una opinión diferente, creando un ambiente de miedo que puede llevar a la autocensura.
El miedo a la acción física y a las injurias verbales se ha convertido en un fenómeno común, donde la repetición de insultos como “pornógrafo” o “degenerado” se ha vuelto habitual. Este clima de hostilidad puede llevar a las personas a optar por el silencio, temiendo las repercusiones de expresar sus ideas. En este sentido, se plantea la cuestión de qué es lo que realmente se teme, y si el miedo se ha convertido en una herramienta para controlar el discurso público.
La literatura también ha sido un reflejo de estos temores. En Estados Unidos, tras la elección de Donald Trump, se ha observado un aumento en las ventas de obras como “El cuento de la criada”, una novela que presenta un mundo distópico dominado por el extremismo religioso. Esta obra, escrita por Margaret Atwood, ha resonado con muchos lectores que ven paralelismos con la realidad actual. La referencia a “1984” de George Orwell también ha cobrado relevancia, ya que muchos comentan que estamos viviendo en un contexto que recuerda a la distopía que Orwell describió en su obra publicada en 1949, en la que se imaginaba un futuro totalitario.
En el ámbito de la literatura gráfica, se menciona la obra de Marjane Satrapi, autora de “Persépolis”, que narra su experiencia durante la revolución iraní. Satrapi, quien nació en Irán en 1969 y cuya familia fue parte de la oposición al régimen, ha utilizado su arte para explorar temas de identidad y resistencia. En su obra “Pollo con ciruelas”, se cuenta la historia de Náser Ali Jan, un músico que, tras perder su instrumento amado, se sumerge en una profunda tristeza. La narrativa revela cómo las imposiciones sociales y las expectativas pueden llevar a la infelicidad, reflejando la lucha del individuo contra las normas establecidas.
La historia de Náser Ali Jan se desarrolla en un contexto donde la autoridad decide quién puede casarse y bajo qué condiciones, lo que provoca un sufrimiento que afecta no solo al protagonista, sino también a su familia. A través de su relato, Satrapi aborda la complejidad de las relaciones humanas y el impacto de las decisiones externas en la vida personal. La obra se convierte en un espacio para reflexionar sobre la libertad, el amor y la búsqueda de la felicidad en un entorno opresivo.
Este análisis de la literatura contemporánea y su relación con el miedo y la censura pone de manifiesto cómo las narrativas pueden servir como un espejo de la realidad social y política, ofreciendo una visión crítica de los tiempos que vivimos.

