La intersección entre ciencia y arte en el CERN: un análisis de la labor de Mónica Bello y su impacto en la cultura contemporánea.
El Centro Europeo para la Investigación Nuclear, conocido como CERN, es una organización compuesta por 22 Estados miembros y se encuentra ubicada en Suiza. Este centro alberga el laboratorio de física más grande del mundo, donde se llevan a cabo investigaciones fundamentales en el campo de la física de partículas. Mónica Bello, una española que ocupa el cargo de directora del departamento Arts at CERN, se dedica a la intersección entre el arte y la ciencia, desarrollando proyectos que integran ambas disciplinas.
Durante su reciente visita a Buenos Aires, donde participó en el programa Presente Continuo, coorganizado por la Fundación Bunge y Born, Mónica Bello dialogó con Infobae Cultura sobre su trabajo en el CERN, un espacio que fue creado tras la Segunda Guerra Mundial bajo la iniciativa de la UNESCO, con el objetivo de generar conocimiento accesible al público. En su rol, Bello coordina residencias artísticas y organiza exposiciones que exploran los vínculos interdisciplinarios entre el arte y la ciencia. También reflexionó sobre la necesidad de un uso ético de la inteligencia artificial, advirtiendo que no debe quedar “en manos de corporaciones”, ya que esto ha generado desconfianza en la sociedad.
Bello, quien ha sido galardonada recientemente con el Gran Premio S+T+ARTS de Colaboración Innovadora otorgado por la Comisión Europea, participó en una masterclass con el artista Andreani y un taller intensivo con 25 becarios de diferentes partes del país. Además, inauguró un ciclo de curaduría titulado Desplazamientos Culturales en España y Buenos Aires. Su presencia en el CERN se suma a las visitas de otros artistas, como la mexicana Marcela Armas y el ecuatoriano Oscar Santillán, así como el francés Maurice Benayoun, el brasileño Guto Nóbrega y el mexicano-canadiense Rafael Lozano-Hemmer, quienes han explorado la relación entre arte y ciencia en el contexto del laboratorio.
En su conversación, Bello explicó que el CERN no es solo un lugar de investigación científica, sino que también es un contexto social y una construcción humana. A lo largo de su proceso de investigación e innovación, se han creado grandes máquinas y dispositivos, como el Colisionador de Hadrones, que permiten conocer la materia fundamental del universo. Como curadora de arte en el CERN, su primer desafío fue hacer entender a los artistas y al público en general la importancia de estos experimentos científicos. Desde su llegada en 2015, ha trabajado en la intersección del arte, la ciencia y la tecnología, un campo que ha evolucionado significativamente en la última década.
Bello destacó que, aunque el arte y la ciencia tienen protocolos distintos, ambos pueden dialogar y colaborar. La curiosidad es el motor que impulsa tanto a los artistas como a los científicos, y es fundamental para que ambos campos encuentren puntos en común. En el CERN, los artistas pasan tiempo con científicos, visitan experimentos y están atentos a lo que sucede en el laboratorio, lo que les permite seleccionar propuestas artísticas que respondan a preguntas relevantes en el ámbito de la ciencia.
La directora del departamento Arts at CERN también mencionó que el arte contemporáneo puede transformar la forma en que se percibe la ciencia. Utilizan la analogía y la metáfora para extrapolar conceptos científicos a la práctica artística. Esto permite que el arte participe en la cultura, ya sea a través de exposiciones, performances o charlas, generando momentos de reflexión y diálogo entre diferentes disciplinas.
Bello también abordó el impacto de la inteligencia artificial y la manipulación de la información en la sociedad actual. Hizo hincapié en la necesidad de establecer límites éticos en el uso de estas tecnologías, advirtiendo sobre el riesgo de que queden en manos de corporaciones que no priorizan los derechos humanos. En este sentido, mencionó que la confianza en el conocimiento científico se ha visto afectada por movimientos que niegan avances científicos, como los movimientos anti-vacuna y las teorías de conspiración.
La conversación se centró en la importancia de la educación y la formación en ciencia y arte, así como en la necesidad de fomentar la curiosidad y el pensamiento crítico en las nuevas generaciones. Bello subrayó que el CERN es un lugar donde convergen diversas disciplinas y que es esencial que los estudiantes se preparen para participar en este tipo de entornos interdisciplinarios.
Finalmente, Mónica Bello enfatizó que el conocimiento debe ser accesible y que es fundamental que se mantenga un enfoque ético en la investigación y la creación artística. La relación entre arte y ciencia es un campo en constante evolución que ofrece oportunidades para la innovación y la reflexión sobre el futuro de la humanidad.

