
Alberto Hipómenes Caldera, conocido como ‘Tucho’ Caldera, es recordado como uno de los criminales más notorios de la historia de Chile, especialmente por su implicación en el asesinato de Demetrio Amar Abedrapo en 1947. Caldera, un carnicero de San Felipe, había sido condenado previamente por robo de ganado y era considerado un “cuatrero” por algunos vecinos. En su juventud, afirmaba haber sido guardaespaldas del expresidente Arturo Alessandri Palma.
El crimen se desató el 11 de marzo de 1947, cuando Demetrio Amar no se presentó a trabajar en su local comercial, lo que generó preocupación entre sus familiares y amigos. Caldera, quien se encontraba en el lugar, presentó dos documentos firmados ante notario que supuestamente autorizaban la administración de los bienes de Amar y un segundo para casarse con su hija, María Elsa Caldera. Sin embargo, la familia de Amar desconfió de la versión de Caldera, ya que el empresario árabe no sabía leer ni escribir en español, lo que levantó sospechas sobre la autenticidad de los documentos.
Ante la denuncia de la familia de Amar, la Policía de Investigaciones (PDI) inició una indagación que inicialmente no logró reunir pruebas suficientes contra Caldera. Sin embargo, la situación cambió cuando se solicitó la intervención de un ministro en visita y un equipo especial de la PDI, liderado por el detective René Vergara, llegó desde Santiago para profundizar en la investigación.
Las nuevas diligencias se centraron en los documentos firmados por Amar y en el entorno de Caldera. Finalmente, se emitió una orden de detención contra Caldera, quien fue encarcelado en San Felipe. Existen diversas versiones sobre cómo se obtuvo su confesión; una sugiere que los detectives lo engañaron para que revelara información sobre la falsificación de los documentos, mientras que otra indica que se utilizaron métodos de tortura para forzarlo a confesar.
Con la confesión de Caldera, se pudo reconstruir el asesinato de Demetrio Amar, que había comenzado un mes antes de su muerte. Caldera había obtenido la firma de Amar bajo el pretexto de una compraventa de terreno y había planeado un matrimonio con su hija, María Elsa, sin que ella estuviera al tanto. Cuando Amar se enteró de los rumores sobre el matrimonio, buscó a Caldera para aclarar la situación, lo que llevó a su asesinato en la casa de Amar, donde Caldera lo golpeó repetidamente con un martillo.
Tras el crimen, Caldera desmembró el cuerpo de Amar en 17 partes y lo enterró en las afueras de San Felipe, utilizando sus habilidades como carnicero para ocultar el delito. La desaparición de Amar generó inquietud en la comunidad, especialmente entre sus familiares, quienes notaron la extraña conducta de Caldera, que continuó operando el negocio de Amar.
A pesar de sus intentos de evitar la condena a muerte, incluyendo su conexión con el Partido Radical y su pasado como guardaespaldas de Gabriel González Videla, el indulto presidencial que esperaba nunca llegó. El 6 de octubre de 1950, Caldera fue fusilado en la Penitenciaría de Santiago, en un evento que no fue cubierto por la prensa de la época. Su caso ha perdurado en la memoria colectiva, siendo recordado como uno de los pocos que culminó en un fusilamiento por un crimen tan atroz, y fue recreado en un episodio de la serie “Mea Culpa” en 2002.