Venezuela, que alguna vez fue una potencia petrolera, enfrenta una crisis económica severa bajo la presidencia de Nicolás Maduro, quien fue capturado el pasado sábado por Estados Unidos. A pesar de una leve mejoría en algunos sectores, el país continúa lidiando con una devaluación constante de su moneda, el bolívar, y un poder adquisitivo restringido, a pesar de que las autoridades afirman que la economía ha estado en crecimiento desde 2021.
La economía venezolana ha sufrido una contracción superior al 70% en los últimos siete años, con una hiperinflación que se extendió por cuatro años. Esta situación ha sido atribuida a múltiples factores, incluyendo la corrupción, los controles de cambio y precios impuestos por el gobierno de Hugo Chávez en 2003, así como las sanciones de Estados Unidos y la pandemia. Según el economista Asdrúbal Oliveros, la crisis entre 2014 y 2020 es considerada “la peor” en la historia del país desde la Guerra Federal en el siglo XIX.
El Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela se redujo en un 75% entre 2014 y 2020, lo que resultó en una disminución del sector empresarial y un deterioro generalizado de la industria, especialmente la petrolera, que es el principal motor económico del país. La escasez de alimentos y la emergencia humanitaria compleja han caracterizado esta crisis, con un aumento de la desnutrición y el deterioro de los servicios de salud y educación.
Desde 2012 hasta 2020, la producción petrolera cayó un 80%, pasando de 2,8 millones de barriles por día a solo 557,000 barriles en 2020. En ese año, Venezuela, que posee las mayores reservas de crudo del mundo, enfrentó una grave escasez de gasolina, que fue mitigada mediante la importación de combustible de Irán. A partir de 2021, la producción comenzó a recuperarse, alcanzando un promedio de 636,000 barriles por día, gracias a un alivio en las sanciones por parte de la administración de Joe Biden, lo que permitió la firma de acuerdos con empresas petroleras como Chemron y Repsol.
La hiperinflación, que comenzó a finales de 2017, alcanzó tasas extremas, como el 130,060% en 2018. Durante este periodo, el dólar se convirtió en la moneda de facto en el país, y el gobierno empezó a utilizarlo como referencia para el cobro de gasolina y pagos a empleados públicos. Aunque las autoridades han intentado estabilizar la inflación mediante el control del precio del dólar, la cotización de esta moneda ha vuelto a aumentar desde octubre de 2024, lo que ha llevado a un incremento en los precios de bienes y servicios.
En cuanto a la moneda local, el bolívar ha sufrido tres reconversiones, dos de ellas bajo el gobierno de Maduro, que han eliminado un total de 14 ceros desde 2008. A pesar de los aumentos en el salario mínimo, que se ha incrementado más de treinta veces, este sigue siendo insuficiente, equivalentes a aproximadamente 42 centavos de dólar al mes, lo que no permite cubrir ni las necesidades básicas como la compra de pan. El gobierno ha implementado políticas salariales que incluyen bonificaciones en bolívares, pero estas no tienen un impacto significativo en los beneficios laborales de los trabajadores.

