Rusia estaría adquiriendo propiedades en Europa Occidental, cerca de bases militares, para llevar a cabo misiones de espionaje y sabotaje, según informes de agencias de inteligencia europeas.
De acuerdo con un análisis publicado por The Telegraph, se estima que grupos pro rusos han estado comprando de manera clandestina casas de verano, cabañas, almacenes, escuelas abandonadas, apartamentos y hasta islas en una docena de países europeos, incluyendo Noruega, Suecia, Finlandia, Alemania, Francia, Polonia, Reino Unido, Grecia e Italia. Estas adquisiciones tienen como objetivo facilitar operaciones de vigilancia, sabotaje y ataques encubiertos, en el marco de lo que se ha denominado una “guerra híbrida” contra Occidente.
Las acciones de espionaje y sabotaje podrían incluir desde incendios y asesinatos hasta ataques a medios de transporte y el envío de bombas por correo. Este tipo de operaciones han aumentado desde el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania. Un funcionario de la inteligencia británica señaló que este enfoque permite al Kremlin negar su implicación en tales actos, lo que complica la respuesta de los países europeos y la invocación del Artículo 5 de la OTAN, que establece la defensa colectiva.
“Es menos probable que una campaña de sabotaje genere consenso en torno al Artículo 5 que una operación militar rusa convencional. La negación plausible dificulta la atribución y, sin certeza, resulta mucho más complicado movilizar apoyo”, afirmó el funcionario.
En diciembre de 2022, Gran Bretaña nombró a Blaise Metreweli como nueva jefa del MI6, su principal servicio de inteligencia. En su primer discurso, Metreweli advirtió sobre las acciones de Rusia en Europa, afirmando que “Rusia ya opera en un espacio entre la paz y la guerra” y que está poniendo a prueba a Occidente con tácticas que se sitúan justo por debajo del umbral de la guerra.
Este contexto de tensión se vio reflejado en un incidente ocurrido en noviembre, cuando un barco espía ruso apuntó con un láser a pilotos de la Royal Navy, tras supuestamente ingresar a aguas territoriales británicas. Además, en enero, Francia interceptó un petrolero ruso en el Mediterráneo que violaba las sanciones internacionales sobre la exportación de crudo ruso.

