
Estudios recientes han revelado la alarmante presencia de microplásticos en el cuerpo humano, incluyendo el cerebro, lo que ha generado preocupación en la comunidad científica. Estos diminutos fragmentos, que miden menos de cinco milímetros y provienen de la degradación de productos cotidianos como envases y textiles, no solo se encuentran en el medio ambiente, sino que también han sido detectados en fluidos corporales y tejidos humanos.
Leon Barron, investigador del Imperial College London, afirmó a la agencia de noticias AFP que es “muy probable” que los humanos ingieran microplásticos de forma regular, aunque aún no se han establecido pruebas concluyentes sobre sus efectos en la salud. Barron subrayó que “los microplásticos son un problema”, destacando que estos materiales contienen más de 10,000 sustancias químicas que pueden alterar el equilibrio hormonal y algunas de las cuales son carcinógenas.
A pesar de la falta de datos precisos sobre el impacto sanitario de los micro y nanoplásticos, investigaciones han comenzado a mostrar indicios de toxicidad. Estudios experimentales sugieren que estas partículas pueden dañar el ADN celular y contribuir a procesos inflamatorios y cardiovasculares. Investigaciones recientes han encontrado microplásticos en sangre, pulmones, placenta, leche materna, hígado, riñones e intestinos, siendo el hallazgo en el cerebro el más preocupante.
Un estudio publicado en enero de 2025 en la revista Nature Medicine reportó concentraciones de microplásticos en tejido cerebral que eran entre siete y 30 veces mayores que en hígado o riñón, con un volumen total equivalente a una cucharada de plástico en las muestras analizadas. La investigadora Ma-Li Wong, en un editorial en Brain Medicine, advirtió que la barrera hematoencefálica, que tradicionalmente ha sido considerada una defensa crucial del cerebro, ha sido cruzada por estos polímeros, lo que plantea serias interrogantes sobre su impacto en la cognición.
El estudio también observó mayores concentraciones de microplásticos en los cerebros de personas con demencia, aunque los autores reconocieron que no está claro si estos materiales influyen en la enfermedad o si una barrera hematoencefálica más permeable facilita su acumulación. Sin embargo, no todos los científicos están de acuerdo con los hallazgos. Algunos cuestionan la fiabilidad de las técnicas utilizadas, como la pirólisis-GC-MS, que podría confundir grasa cerebral con polietileno. Dusan Materic, investigador especializado en microplásticos, explicó que sin medidas de control de calidad, es difícil determinar si los plásticos detectados provienen de los propios tejidos o de la contaminación en el laboratorio.
Para abordar estas preocupaciones, un grupo de 30 investigadores de 20 institutos publicó un marco metodológico en Environment & Health, con el objetivo de estandarizar la detección de microplásticos y exigir transparencia en los datos. Esta iniciativa ha sido bien recibida por expertos, quienes consideran que es fundamental establecer métodos comparables y niveles de referencia antes de poder evaluar la peligrosidad de los microplásticos.
La creciente evidencia sobre la presencia de microplásticos en el cuerpo humano plantea preguntas críticas sobre la exposición y sus posibles consecuencias para la salud, en un mundo donde la contaminación por plástico es omnipresente.