El enigmático caso de D. B. Cooper, el único secuestrador de avión que nunca fue encontrado, sigue intrigando a investigadores y aficionados a los misterios.
En un incidente que parece sacado de un guion cinematográfico, un pasajero dejó una nota a una de las azafatas durante un vuelo, exigiendo un pago millonario bajo la amenaza de hacer estallar una bomba. Este suceso, que tuvo lugar el 24 de noviembre de 1971, involucró al vuelo 305 de Northwest Orient, que partió de Portland con destino a Seattle. El pasajero, que se identificó como Dan Cooper, aunque la prensa lo apodó erróneamente D. B. Cooper, entregó un mensaje que cambió el curso del vuelo y se convirtió en un caso emblemático de la historia criminal de Estados Unidos.
La azafata Florence Schaffner recibió la nota, inicialmente sin leerla, pensando que se trataba de un número de teléfono. Sin embargo, Cooper le susurró que debía leer el contenido, advirtiéndole que tenía una bomba. Al abrir la nota, Schaffner leyó que Cooper afirmaba tener un explosivo en su maletín y que estaba dispuesto a usarlo si no se cumplían sus demandas. En el mensaje, exigía 200,000 dólares en efectivo y dos paracaídas, además de instrucciones específicas sobre cómo quería que se le entregara el dinero y los paracaídas una vez que el avión aterrizara en Seattle.
La azafata, tras leer la nota, alertó discretamente a la cabina de mando. El piloto, William Scott, notificó a los controladores de tráfico aéreo, quienes a su vez informaron a la Policía y al FBI sobre la situación. En medio de la tensión, el presidente de la aerolínea instó al piloto a cooperar con las demandas del secuestrador. Durante este tiempo, Cooper mostró a Schaffner un maletín que contenía cilindros rojos, cables y una batería, lo que convenció a la azafata de que la amenaza era real.
El avión aterrizó en Seattle a las 17:39 horas, después de que se confirmara que el dinero y los paracaídas estaban listos. Cooper liberó a todos los pasajeros y a la azafata Schaffner, pero retuvo al piloto, al primer oficial, al ingeniero de vuelo y a otra azafata, Tina Mucklow. Tras revisar el dinero y los paracaídas, Cooper ordenó el despegue de la aeronave a las 19:40 horas, con la intención de llegar a Reno, Nevada.
Durante el vuelo, Cooper solicitó que la cabina se despresurizara, lo que facilitaría la apertura de las puertas del avión. Luego, pidió a Mucklow que se retirara a la cabina y, en un acto sorprendente, abrió una puerta y se lanzó al vacío con un paracaídas a las 20:13 horas. Este salto en pleno vuelo fue un acto audaz que dejó a las autoridades desconcertadas.
Al aterrizar en Reno, el avión fue inspeccionado por agentes del FBI y la policía, quienes no encontraron rastros de Cooper, su maletín ni el dinero. A pesar de una intensa búsqueda, que incluyó la colaboración del Ejército estadounidense, no se hallaron pistas sobre el paradero del secuestrador. Nueve años después, un niño encontró una pequeña parte del botín, específicamente 5,880 dólares, en el río Columbia en Vancouver, Washington, pero el resto del dinero nunca fue recuperado.
D. B. Cooper se convirtió en el secuestrador aéreo más famoso de la historia de Estados Unidos, ya que, a pesar de que el FBI interrogó a más de 1,000 sospechosos, nunca se logró identificar ni localizar al hombre que realizó este audaz secuestro. La velocidad del avión, la altitud y la incertidumbre sobre el momento exacto del salto complicaron la búsqueda y determinaron el área de aterrizaje de Cooper.
Finalmente, en 2016, el FBI cerró oficialmente la investigación, redirigiendo sus recursos hacia otros casos más urgentes. Este caso se convirtió en el primer secuestro de un avión comercial que el FBI no pudo resolver. En un comunicado, la agencia federal indicó que, tras 45 años de investigación, se habían revisado exhaustivamente las pistas creíbles, recogido toda la evidencia disponible y entrevistado a todos los testigos identificados.

