El debate sobre la comprensión lectora en Chile se intensifica a medida que se acerca el Día Mundial del Libro, que se celebrará el 23 de abril. La preocupación se centra no solo en la cantidad de lectura que realizan los estudiantes, sino en su capacidad para entender lo que leen. Datos recientes del SIMCE 2025 revelan que un 27% de los alumnos de 4° básico se encuentra en un nivel insuficiente de comprensión lectora, mientras que solo el 47,5% alcanza un nivel adecuado. La situación se agrava en niveles educativos superiores, donde un 42,3% de los estudiantes de 8° básico y un 48% de los de 2° medio no logran comprender los textos que leen.
María Jesús Forteza, docente y gestora de contenidos de Ziemax, señala que “hoy el problema no es la cantidad de textos que leen los estudiantes, sino la capacidad de comprender lo que leen”. A medida que los estudiantes avanzan en su trayectoria escolar, la complejidad de los textos aumenta, lo que profundiza la brecha entre los aprendizajes esperados y los realmente obtenidos.
Las causas de esta problemática son diversas y trascienden el ámbito escolar. La comprensión lectora está influenciada por habilidades como la atención, la motivación y la capacidad de mantener el esfuerzo cognitivo, factores que se ven afectados por cambios en los hábitos de los estudiantes. El uso intensivo de pantallas y la exposición a contenidos fragmentados, como memes y vídeos breves, están alterando la relación de los niños y adolescentes con la lectura. Forteza agrega que “fuera del aula, los estudiantes interactúan con textos que son generalmente fragmentados e interpretativos”, lo que exige una adaptación en la enseñanza que integre estas nuevas realidades y fomente la motivación por la lectura.
El sistema educativo enfrenta el reto de abandonar un modelo centrado en la comprensión lectora explícita. Actualmente, el plan lector prioriza la evaluación sobre la experiencia y la comprensión profunda. Siguiendo las orientaciones del Ministerio de Educación (MINEDUC), se busca promover una lectura más activa, donde los estudiantes interpreten, relacionen y evalúen los textos, conectando la lectura con sus propias experiencias y compartiéndolas con otros.
Sin embargo, el desafío no recae únicamente en el sistema escolar. La evidencia indica que el desarrollo del hábito lector está fuertemente influenciado por el entorno familiar y social. Forteza destaca que “la lectura, como cualquier hábito, se incorpora de manera natural en los niños cuando está presente y es apreciada en la vida cotidiana del entorno familiar”.
En este contexto, iniciativas como el Día del Libro son fundamentales para visibilizar la importancia de la lectura y generar instancias que favorezcan la motivación. No obstante, los expertos coinciden en que estas acciones son insuficientes si no se acompañan de un trabajo constante y sostenido. Para fomentar la lectura de manera efectiva, se requiere una mirada integral que combine motivación, acompañamiento y adaptación a los nuevos formatos que los estudiantes utilizan a diario.
Los especialistas sugieren que el objetivo no es regresar a un modelo tradicional, sino avanzar hacia uno que integre distintos lenguajes, fomente el disfrute y fortalezca la comprensión en contextos reales. Solo así se podrá cerrar una brecha que afecta no solo el rendimiento académico, sino también la capacidad de las futuras generaciones para desenvolverse críticamente en la sociedad.

