La arquitectura náutica que definió los veraneos del siglo XX en Chile enfrenta un futuro incierto debido a la demolición y abandono de emblemáticos edificios que formaron parte de la cultura del ocio y la sociabilidad en el país. Estos espacios, que una vez fueron el corazón de la vida costera, han quedado relegados a la memoria colectiva, representados solo en fotografías y postales.
Durante el siglo pasado, la costa chilena fue testigo de la construcción de diversas edificaciones de estilo modernista con una fuerte influencia náutica, que reflejaban la vida al aire libre y la conexión con el mar. Un ejemplo destacado es el Cap Ducal de Viña del Mar, diseñado por Roberto Dávila, que a pesar de las transformaciones urbanas, mantiene su distintiva estética marítima y su ubicación privilegiada frente al océano. El reconocido arquitecto Le Corbusier elogió este diseño, señalando que le evocaba una “estética latina”.
Desde las primeras décadas del siglo XX, la arquitectura costera comenzó a tomar forma con construcciones como el Boating Club de Iquique, erigido por la colonia británica, que presentaba una estructura liviana y palafítica, con terrazas abiertas al mar. Sin embargo, este y otros edificios similares han sido demolidos, dejando un vacío en la historia del ocio costero.
En la década de 1930, la estética náutica se consolidó en varias ciudades. En Viña del Mar, el Bar del Casino Municipal, diseñado por Aquiles Landoff, se caracterizaba por sus volúmenes curvos y barandas metálicas que evocaban la imagen de un barco, funcionando como un punto de encuentro informal. Este edificio también fue víctima de las transformaciones urbanas y ya no existe.
Otro ejemplo significativo es el Salón de Té del Parque El Salitre, inaugurado en 1936, que aunque no estaba junto al mar, adoptaba la forma de un buque, con terrazas y un mástil que reforzaban su carácter naval. Este espacio se convirtió en un lugar de encuentro social y aún se conserva, simbolizando la conexión entre la arquitectura, el ocio y la naturaleza de esa época.
El antiguo Yachting Club de Algarrobo, construido sobre pilotes y con vistas al océano, es otro de los muchos ejemplos que han desaparecido, dejando solo postales como testimonio de su existencia. En Antofagasta, el Casino del Balneario Municipal, diseñado en 1937 por Jorge Tarbuskovic, es uno de los pocos edificios que aún se mantienen, aunque en un estado de deterioro significativo. Este casino fue parte de un plan de modernización del balneario y se convirtió en un punto central de la vida social de la ciudad.
Ante la vulnerabilidad de este patrimonio arquitectónico, la Municipalidad de Antofagasta ha lanzado un concurso arquitectónico para revitalizar el Balneario Municipal, con la esperanza de recuperar su imagen náutica original. Esta iniciativa busca no solo restaurar un edificio emblemático, sino también revalorizar un ejemplo de la arquitectura moderna de inspiración marítima que aún perdura en el país.
La preservación de estas arquitecturas es fundamental para mantener viva la memoria colectiva de los veraneos chilenos, que han sido parte integral de la historia social y urbana del país. La cultura del tiempo libre que estas edificaciones promovieron sigue siendo un legado importante que merece ser cuidado y recordado.

