
La ministra de la Mujer, Antonia Orellana, se pronunció sobre el nombramiento de Judith Marín como su sucesora en el futuro Gobierno de José Antonio Kast, en medio de críticas del oficialismo que advierten sobre un posible retroceso en los derechos de las mujeres. Orellana, en una entrevista con Radio ADN, abordó las preocupaciones sobre la continuidad de políticas públicas en materia de género, especialmente en relación a la implementación de leyes vigentes.
El sector oficialista ha manifestado su inquietud respecto a la trayectoria de Marín, quien ha estado vinculada a espacios evangélicos y ha expresado intenciones de eliminar o fusionar el Ministerio de la Mujer. Además, se ha recordado una protesta que Marín realizó durante la tramitación de la Ley de Aborto en tres causales, lo que ha alimentado el debate sobre su idoneidad para liderar la cartera.
Orellana, al referirse a la nueva ministra, destacó que “hay cosas que, independientemente de lo que yo opine, hay que hacer, son materias de ley”. Aseguró que se comprometió con la ex ministra Mónica Zalaquett a continuar con la tramitación de proyectos que se consideran de consenso, y subrayó que Marín tendrá la responsabilidad de implementar la ley integral contra la violencia hacia las mujeres.
En cuanto a las preocupaciones del oficialismo sobre un posible estancamiento en el avance de políticas de género, Orellana enfatizó que el Ministerio de la Mujer y Equidad no es un capricho, sino una entidad creada por ley tras un extenso debate de tres años. “Entiendo que se ven con preocupación ejemplos de otros países, pero el ministerio requiere un debate quien quiera ponerlo en cuestión”, afirmó.
Orellana también evitó criticar a su sucesora, resaltando la importancia de su experiencia como concejala, que le permite tener un contacto directo con los problemas públicos en los municipios. “Malamente podría yo calificar a quien me va a reemplazar, porque tengo una tarea que es fundamental, que es hacer un traspaso, y que no es solamente administrativo”, concluyó.
Este contexto se desarrolla en un ambiente de incertidumbre sobre el futuro de las políticas de género en Chile, donde el nuevo gobierno de Kast ha generado un debate sobre la dirección que tomará el país en temas de equidad y derechos de las mujeres.