
La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha publicado un informe el 6 de febrero de 2026, en el que prevé un aumento significativo en la demanda global de electricidad, que crecerá más de un 3,5% anual hasta el año 2030, en lo que se denomina la “Edad de la Electricidad”. Este crecimiento se produce en un contexto donde la demanda eléctrica está aumentando a un ritmo al menos 2,5 veces superior al de la demanda total de energía, impulsada por el uso creciente en sectores industriales y de servicios avanzados.
El informe detalla que el incremento en el consumo de electricidad a nivel mundial se debe a varios factores, entre los que se destacan el aumento del uso industrial de la electricidad, la creciente adopción de vehículos eléctricos, una mayor utilización de sistemas de aire acondicionado y la expansión de centros de datos y tecnologías de inteligencia artificial (IA).
La IEA también señala que, aunque las economías emergentes y en desarrollo son los principales motores de este crecimiento, las economías avanzadas han experimentado un resurgimiento en su demanda eléctrica tras más de una década de estancamiento, lo que representa una parte significativa del aumento proyectado hasta 2030.
En cuanto a la generación de electricidad, el informe indica que la producción a partir de fuentes renovables, incluyendo la solar fotovoltaica, se encuentra casi al mismo nivel que la generación a partir del carbón. Se espera que hacia finales de la década, las energías renovables y la energía nuclear juntas suministren el 50% de la electricidad mundial, un aumento desde el 42% actual. El gas natural también jugará un papel importante en el crecimiento de la capacidad de generación para satisfacer la demanda.
El documento enfatiza que este escenario de fuerte crecimiento en la demanda, junto con la creciente participación de fuentes de generación variables, subraya la necesidad de realizar inversiones significativas en la expansión de las redes eléctricas y en la flexibilidad del sistema. Estas inversiones son cruciales para integrar una mayor capacidad de generación renovable y nuevas cargas, garantizando así la seguridad y eficiencia operativa del suministro eléctrico.