Nick Srnicek analiza la realidad de Sudamérica y su impacto en el futuro del trabajo, explorando tensiones entre tecnología y clases trabajadoras.
“Sudamérica siempre es una fuente de inspiración”, afirma Nick Srnicek, quien se encuentra recostado en un cómodo sofá en el vestíbulo del Hotel NH. A través del cristal, se puede observar la calle Bolívar, que lleva directamente a la Plaza Mayo, donde una larga fila de jubilados sostiene carteles y entona cánticos exigiendo un aumento urgente en sus deteriorados haberes. La policía ha formado un cordón a su alrededor, con palos y gas pimienta listos para cualquier eventualidad. El ruido de esta escena cotidiana en una Argentina empobrecida se escucha hasta el hotel.
“Esa inspiración tiene distintas razones. En primer lugar, hay tensiones que se deben redistribuir y reequilibrar en el poder entre el capital y las clases trabajadoras. También se están ensayando diferentes procesos hacia el desarrollo. Además, hay una historia y experiencias de otra índole: gobiernos más autoritarios. Y junto a esto, hay un fuerte impulso hacia cierta independencia tecnológica que, desde los años 60 o 70, tanto Brasil como Argentina han estado buscando. Por todas estas razones, para la izquierda, Sudamérica es un lugar para aprender cosas”, explica Srnicek.
Este académico canadiense, de 42 años, visita por primera vez América Latina. Reside en Londres y enseña Economía Digital en el King’s College. Ha publicado varios libros que abordan la idea de un futuro mejor. Su texto más conocido, escrito en 2013 junto a Alex Williams, es el “Manifiesto de la política aceleracionista”, publicado por el sello Caja Negra, que es una antología de autores que reflexionan sobre una nueva corriente titulada Aceleracionismo. En 2016, publicó “Estrategias de transición hacia el postcapitalismo”, un texto breve y lúcido, y “Capitalismo de plataformas”, que analiza la supremacía de las empresas tecnológicas y el proceso laboral cada vez más inmaterial, refiriéndose a lo que él denomina “cognitariado”.
Su último libro, editado el año pasado en Londres (también por Caja Negra), se titula “Después del trabajo: hogar, lucha y tiempo libre”. En este texto, su esposa, la filósofa británica Helen Hester, autora de “Xenofeminismo”, aborda el trabajo como un dato concreto: la tecnología está aliviando la carga laboral, un hecho contemporáneo que se observa incluso en regiones relativamente privilegiadas del Norte global, donde el trabajo es intenso, poco gratificante y precario. Sin embargo, también se observa un aumento en el cuidado de bebés, adultos mayores, enfermos y personas con discapacidades, empleos que suelen estar mal remunerados y asociados a la idea de “vocación”. El libro discute la conocida noción de posttrabajo y propone pensar en un mundo donde el centro sea la vida. Aunque Srnicek adhiere a las líneas generales de esta idea, también complejiza el horizonte añorado, señalando que la realidad es dura y que, si se cumplen las expectativas, se debe tener en cuenta la programación y el cuidado.
A través de gráficos, datos e ideas, el libro vuelve a plantear la pregunta esencial sobre la libertad: “La sociedad poslaboral no debe ser confundida con un utópico punto de llegada, sino que se debe entender como un interminable proceso prometeico que amplía el ámbito de la libertad”.
En una de las entrevistas, se le pregunta a Srnicek sobre la contradicción del inédito crecimiento tecnológico y su impacto positivo en la vida cotidiana, así como el crecimiento del trabajo doméstico. “¿Cuándo detectaron todo esto y cuándo decidieron desarrollarlo en un libro?”, se le inquiere. Él responde que la idea surgió durante una conferencia que dio su esposa Ellen en 2016. “Recuerdo haber leído un borrador y pensar: ‘¡Es genial! Aquí hay algo que deberíamos escribir juntos’”, relata.
La conversación se dirige hacia la tensión y el análisis que se centra en la libertad. Se menciona a la antigua Escuela de Frankfurt y a Theodor Adorno, quien plantea la continuidad de lo productivo. Srnicek asiente y señala que la crítica de Frankfurt aborda el tema, enfocándose en las industrias creativas y culturales que critican su existencia dentro del capitalismo. “Llamamos lujo público a las formas de ocio que requieren infraestructura, y ese ocio, libre, debe salir de las lógicas de consumo”, explica.
La emancipación se convierte en un tema central, donde se plantea la libertad de trabajar y las maneras en que esto se puede alinear. Srnicek propone volver a Marx, quien habla de la sociedad postcapitalista como un concepto central. “Pensar en la emancipación a través del trabajo asume el supuesto de que la esencia humana es ser trabajador, y que trabajar implica tener un sueldo, ser un trabajador asalariado. La mirada debe expandirse más allá de la noción de asalariado, entendiendo que puede haber personas que, quizás, deseen algo diferente”, añade.
La conversación también aborda la cuestión de la clase social y la relevancia de la dicotomía entre ricos y pobres. Srnicek considera que, aunque la respuesta corta a si sigue siendo válido disparar contra el capitalismo del trabajo es sí, esta dicotomía simple omite aspectos importantes. “De todos modos, sigue explicando mucho sobre la contemporaneidad, porque es útil para entender el conflicto clásico que es el motor fundamental del gran desarrollo tecnológico y económico, y para superar y borrar las categorías de empleador y capitalista”, explica.
Se le pregunta si estamos cerca de visualizar el fin del mundo. “Sí, hoy es fácil imaginar un camino diferente al capitalismo, ya sea que conduzca a una catástrofe climática o a la demolición de las civilizaciones modernas. Sabemos que hay un camino. Están floreciendo imágenes alternativas y muchas visiones diferentes sobre cómo reorganizar el mundo, posterior al decrecimiento, ecosocialista. Han surgido en los últimos quince años aproximadamente”, responde.
La conversación se adentra en la categoría de la clase media, un concepto económico importante que, si se considera por debajo de la línea de pobreza o con grandes ingresos, puede borrar el impacto de la identidad cultural. “Una vez, ricos y pobres: podría decirse que la clase media está en vías de extinción. ¿Qué valor le das a esta categoría?”, se le pregunta. Srnicek considera que es una categoría cultural y económica significativa. “En el Reino Unido y Estados Unidos, probablemente sea bastante similar a aquí. Todos piensan en la clase media. Digo esto en un doble sentido: en algunos casos, quieren diferenciarse de esa visión despectiva, de separación en la sociedad, de decisión, riqueza, etcétera. Entonces, en otro sentido, se convierte en una forma de diferenciarse”, explica.
A continuación, se introduce el término técnico de proletarización del trabajo. En un contexto de desigualdad y diferenciación crecientes, se considera que trabajos que históricamente eran considerados estables están siendo proletarizados. Esto es observable en profesiones y oficios como los de profesores, abogados e incluso gerentes y programadores. “Todo esto, que antes tenía cierto tipo de inscripción en el sistema capitalista con ciertos beneficios y distintivos, como salarios ligeramente altos y estatus, se va disolviendo y desarmando, volviéndose menos presentes”, señala.
Se menciona el caso de los maestros y maestras, quienes reciben peores salarios, así como los programadores, que enfrentan la amenaza inminente de la automatización de sus tareas. “Los abogados, por su parte, ven que las inteligencias artificiales generativas parecen estar tomando su lugar, convirtiendo su trabajo en un trámite casi especializado”, añade.
La conversación se dirige hacia la renta básica universal. Srnicek aclara que, aunque no es partidario de la teoría, considera que en la práctica hay cuestiones vinculadas a lo universal que son interesantes y que surgen de la lógica de las condiciones sociales y económicas, así como de los cambios que eso implicaría.
Finalmente, se le pregunta cuánto ha modificado su análisis en los últimos diez años. “Bastante. Hay dos diferencias fundamentales. Una es que las plataformas y la nube han crecido enormemente, especialmente en el desarrollo de la inteligencia artificial generativa. Por otro lado, han tenido que hacerse una extracción efectiva de los trabajadores. Por ejemplo, Uber y otras plataformas han tenido que intervenir de manera expansiva en la producción de esos trabajos. Dependen tanto de los inversores externos que financian estas plataformas”, explica.
Srnicek también menciona que el contexto social y político está marcado por un mercado extremo y anarcocapitalista. “Esa idea, indudablemente, beneficia a los multimillonarios y a los dueños, y ha permeado a muchos trabajadores que militan en su propia causa. En primer lugar, hay que recordar los fuertes efectos del neoliberalismo que introducen la autopercibida como emprendedores. La idea de ‘hacerse a sí mismo’, de autosuperación, ha penetrado fuertemente en los trabajadores: levantarse un montón de horas, romperse el lomo, realmente va a sacar a la situación en la que estás”, concluye.
La conversación se cierra con una reflexión sobre el anarcocapitalismo y su retórica, que defiende pequeños negocios y se opone a cualquier concentración monopolística. Srnicek señala que, aunque la retórica defiende la formación de monopolios, también impone beneficios que son considerados por algunos como oficiales en Argentina. Además, menciona la ley antimonopólica y la regulación de la intervención estatal como parte de la discusión.
La charla concluye con una mención a la importancia de la palabra comunismo y su bagaje histórico, así como a la preferencia de Srnicek por el término postcapitalismo. Aunque reconoce que se pueden utilizar diversos conceptos e ideas, se pregunta sobre las posibilidades del aceleracionismo, que ha sido utilizado por diversos actores, incluyendo un grupo específico del ecosistema de Silicon Valley. “Ese grupo, por ejemplo, ha tomado el término. Más allá de hacer un colectivo con la palabra, para mí viene de una reflexión. Retomo a Gilles Deleuze, quien mira la expresión de deshacer ciertas jerarquías y restricciones del orden feudal. El aceleracionismo busca desarmarlas y constituir nuevas estructuras que limiten esas limitaciones”, concluye.
La entrevista finaliza con una pregunta sobre si Srnicek se considera una persona optimista. “Probablemente. Quiero ofrecer un optimismo sobre el futuro”, responde.

