Más de 27 millones de peruanos se preparan para votar este domingo en las elecciones más fragmentadas de la historia del país, donde 35 candidatos buscan la presidencia.
La jornada electoral del 12 de abril de 2026 se perfila como un evento sin precedentes en América Latina, con una boleta que incluye a un número récord de postulantes. Este fenómeno refleja la crisis de representación y la creciente desconfianza hacia la política en Perú. Según analistas, la fragmentación del electorado es tal que ningún candidato ha logrado captar el descontento generalizado, lo que convierte el resultado en un verdadero enigma.
Las campañas electorales culminaron el pasado jueves 9 de abril con eventos masivos que incluyeron música y espectáculos, evidenciando la volatilidad del clima político. Entre los candidatos más destacados se encuentran Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular, quien ha intentado llegar a la presidencia en tres ocasiones anteriores; Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y representante de la derecha conservadora; y Carlos Álvarez, un cómico que ha ganado popularidad con un discurso crítico hacia la política tradicional.
El politólogo Fernando Tuesta ha señalado que la gran cantidad de candidatos ha dividido el voto de manera significativa, con ninguno de ellos superando el 15% de intención de voto hasta la semana previa a la elección. La diversidad de opciones no solo complica la decisión de los votantes, sino que también refleja un sistema político en crisis, donde los partidos son considerados débiles y personalistas.
Los cierres de campaña han sido igualmente reveladores. Carlos Álvarez, en un acto en Chosica, se presentó como el candidato más atacado y pidió unidad a sus seguidores. Por su parte, Keiko Fujimori cerró su campaña en Villa El Salvador, enfrentando el reto de convencer a un electorado que asocia su nombre con crisis políticas pasadas. Rafael López Aliaga optó por un cierre multitudinario en el Campo de Marte, aunque su campaña se vio empañada por declaraciones polémicas.
La boleta electoral, que mide más de 42 centímetros de ancho, incluye 198 autoridades a elegir, en un contexto de deterioro democrático que ha visto a ocho presidentes en diez años, con cuatro destituciones y dos renuncias. La desaprobación hacia la actual presidenta Dina Boluarte y el Congreso es alarmante, con cifras de aprobación del 3% y 5%, respectivamente.
El ausentismo también se presenta como un desafío, con expertos advirtiendo sobre un posible aumento en la participación, incluso en sectores históricamente activos. En Perú, el voto es obligatorio, y se estima que el ausentismo podría alterar la distribución de escaños en el Congreso, donde se requieren alrededor de 500,000 votos válidos para obtener un escaño.
La polarización política se manifiesta en la tensión entre el Ejecutivo y el Congreso, con la exvicepresidenta Mercedes Aráoz comentando sobre la falta de instituciones sólidas y la judicialización de la política. A pesar de un buen desempeño macroeconómico, la inestabilidad política persiste, lo que ha llevado a un ambiente donde muchos ven la política como un espacio para el beneficio personal.
Con la elección de 2026, Perú se enfrenta a un proceso electoral inédito, donde la capacidad de los ciudadanos para encontrar opciones que restauren la confianza en la política será crucial. La incertidumbre sobre el futuro político del país se mantiene, con millones de votantes ante la cartilla más extensa de la región y sin una solución clara para la fragmentación del electorado.

