Este fin de semana, Chile implementará el cambio al horario de invierno, lo que ha reavivado el debate sobre los efectos de modificar el huso horario dos veces al año.
Cada año, el país atrasa sus relojes en una hora, una práctica que ha sido objeto de críticas crecientes desde el ámbito científico y médico. Especialistas advierten que estos cambios horarios pueden tener repercusiones negativas en la salud y en el funcionamiento diario de las personas. La comunidad científica ha comenzado a abogar por la necesidad de establecer un horario fijo durante todo el año, priorizando la luz natural matutina.
Un estudio internacional publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences analizó diferentes políticas horarias y concluyó que los cambios bianuales provocan una mayor alteración del sistema circadiano en comparación con la permanencia de un horario estable. Este estudio sugiere que mantener el horario de invierno, que permite una mayor exposición a la luz natural por la mañana, podría estar relacionado con beneficios para la salud pública, como una menor incidencia de obesidad y accidentes cerebrovasculares.
Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), explica que “el reloj biológico no se ajusta simplemente porque movamos las manecillas”. La luz matutina actúa como una señal que sincroniza los procesos internos del cuerpo, y al desplazarla artificialmente, se genera un desajuste entre la hora social y la biológica.
Los efectos adversos del cambio de hora no se limitan a una simple sensación de cansancio. Larrondo advierte que estos desajustes pueden afectar sistemas que regulan el sueño, el estado de ánimo y el metabolismo, lo que puede resultar en un menor rendimiento y mayor vulnerabilidad en ciertos grupos. Estudios han documentado que incluso un cambio de una hora puede impactar la calidad del sueño en los días posteriores al ajuste horario, y en algunos países se ha observado un aumento temporal de eventos cardiovasculares y accidentes de tráfico tras el cambio.
Desde la perspectiva médica, el neurólogo Luis Espinoza de Clínica RedSalud Santiago señala que el reloj biológico regula los ciclos de sueño y vigilia, y cualquier modificación en la hora oficial provoca una desincronización temporal del ritmo circadiano. “Esto puede traducirse en somnolencia matinal, irritabilidad, fatiga y menor concentración, especialmente durante los primeros días”, explica. Además, menciona que el organismo puede tardar entre dos y tres días en ajustarse, aunque en algunos casos este proceso puede extenderse hasta una semana.
La luz matutina también juega un papel crucial en la regulación hormonal. Espinoza indica que la exposición temprana a la luz ayuda a que la melatonina, la hormona del sueño, disminuya más rápidamente, mientras que el cortisol, que está relacionado con la activación y el estado de alerta, aumenta. Por lo tanto, el horario de invierno se alinea mejor con la biología humana.
Los efectos del cambio horario también se extienden al ámbito psicológico y cognitivo. Gerardo Riffo, director de la carrera de Psicología de la Universidad de Las Américas (UDLA), compara el fenómeno con un “jet lag social”. Al modificar la hora oficial, el reloj biológico interno se desajusta, lo que puede afectar el ciclo de sueño y provocar problemas de concentración, irritabilidad y memoria. Además, puede aumentar la ansiedad y los síntomas depresivos estacionales, especialmente cuando las personas deben despertarse en la oscuridad.
La adaptación al cambio horario no es uniforme en todas las edades. Riffo señala que niños, adolescentes y adultos mayores son los grupos más sensibles a estos cambios. Mientras que los adultos jóvenes pueden ajustarse en pocos días, los menores pueden tardar hasta dos semanas. “El problema principal del horario de verano es que obliga a muchas personas a iniciar su jornada cuando aún está oscuro, lo que genera somnolencia y afecta el rendimiento académico y laboral”, sostiene.
Los efectos del cambio de hora también se reflejan en la productividad laboral. Claudio Castillo Cid, psicólogo laboral y gerente de Permanent Placement de Grupo TeamWork, indica que durante la primera semana tras el cambio se observa una disminución en la productividad, con mayor lentitud en tareas cognitivas y un aumento en los errores operativos. Este fenómeno impacta especialmente a sectores como la minería, la salud y la logística, donde los trabajadores ya enfrentan ritmos circadianos alterados.
Los especialistas coinciden en que la discusión debería centrarse en cuál horario es más adecuado para mantener de manera permanente. Una de las propuestas más mencionadas es adoptar el horario de invierno (GMT-4) de forma definitiva, lo que permitiría iniciar la jornada con más luz natural. Otra opción sería regresar al huso geográfico correspondiente a Chile (GMT-5), lo que implicaría retrasar los relojes dos horas en invierno, aunque esta alternativa genera debate por sus posibles efectos sociales, especialmente en el extremo sur del país. En general, el consenso científico aboga por una estabilidad horaria que favorezca una mejor sincronización entre el reloj social y el biológico.

