Avances en tratamientos oncológicos ofrecen esperanza a pacientes con cáncer, pero la investigación sobre el páncreas aún enfrenta grandes desafíos y disparidades.
En la lucha continua contra el cáncer, los avances en el tratamiento de enfermedades como el cáncer de mama, pulmón y próstata han brindado a muchos pacientes una nueva esperanza. Sin embargo, para aquellos que enfrentan diagnósticos de cáncer de páncreas u otros tipos menos comunes, el panorama puede ser menos optimista. Eric Topol, un reconocido científico y director del Instituto de Investigación Traslacional en California, Estados Unidos, afirmó: “El cáncer de páncreas es uno de los más mortales, con una tasa de supervivencia a cinco años del 10%. Esto no ha cambiado en varias décadas. Es la causa de aproximadamente 50,000 muertes en Estados Unidos cada año y ocupa el tercer lugar después del cáncer de colon”.
A diferencia de otros tipos de cáncer donde las nuevas terapias han tenido un impacto significativo, el cáncer de páncreas sigue siendo tratado con un cóctel de medicamentos que se remonta a años atrás. El doctor Anirban Maitra, oncólogo que investiga esta enfermedad en el MD Anderson Cancer Center en Houston, Texas, resumió la situación al decir: “Es el eslabón débil del cáncer”, en declaraciones a The Financial Times. Esta falta de avances en los cánceres mortales no es solo una cuestión de biología compleja, sino también de la dirección de los recursos destinados a la investigación y desarrollo.
Un análisis presentado por The Financial Times reveló que casi la mitad de los ensayos clínicos iniciados el año pasado se centraron en tratamientos para el cáncer de sangre, mientras que solo el 8% se dedicó a investigar tratamientos para el cáncer de páncreas. Esta disparidad se refleja en la financiación: entre 2016 y 2020, el cáncer de páncreas recibió 317 millones de dólares en financiación pública y filantrópica a nivel mundial, en comparación con 3,600 millones de dólares para el cáncer colorrectal, según lo publicado en The Lancet.
Las razones detrás de estas diferencias son múltiples. En parte, se debe a la complejidad inherente del cáncer de páncreas, que lo hace más resistente a un amplio espectro de tratamientos que han demostrado ser efectivos en otras patologías oncológicas. En 2019, la financiación global destinada a través de subvenciones alcanzó los 13,000 millones de dólares en Estados Unidos, cifra que contrasta con los 83,000 millones de dólares que las compañías farmacéuticas invirtieron en investigación, gran parte de la cual se destinó a tratamientos oncológicos.
A pesar de que los estudios de los principales laboratorios globales muestran resultados prometedores en cánceres letales como el colorrectal, la comunidad científica ha estado experimentando un cambio revolucionario gracias al uso de tecnologías basadas en ARN mensajero (ARNm). Recientemente, Infobae publicó un importante avance en el ámbito oncológico mundial. Un ensayo clínico de Fase I ha comenzado a probar una vacuna de ARNm, desarrollada por BioNTech, para tratar el cáncer de pulmón de células pequeñas (CPCNP). Este ensayo se lleva a cabo en 34 centros de siete países: Reino Unido, Alemania, Hungría, Polonia, España y Turquía, y busca estimular el sistema inmunológico para atacar las células cancerosas y prevenir recaídas.
Aunque el ensayo se encuentra aún en una fase inicial, la comunidad científica considera que podría representar un avance crucial en el tratamiento del cáncer de pulmón, con el potencial de salvar muchas vidas. Este enfoque se basa en la capacidad de generar una respuesta inmunitaria personalizada en los pacientes. Un ejemplo destacado es el desarrollo de una formulación experimental de ARNm para el adenocarcinoma ductal pancreático, conocido por su alta letalidad y tasas de supervivencia inferiores al 10%. Los primeros resultados han demostrado inducir una buena respuesta, logrando una expansión de células T, que son fundamentales en la lucha contra el cáncer, en el 50% de los pacientes tratados. Estos resultados son especialmente prometedores cuando se combinan con quimioterapia e inmunoterapia, sugiriendo que podrían retrasar e incluso evitar la recaída de la enfermedad.
La eficacia de este enfoque radica en la personalización del tratamiento, ajustando las características específicas de cada paciente. Se han mostrado respuestas inmunitarias robustas, lo que permite extender el tiempo libre de enfermedad en los pacientes, subrayando el poder transformador de esta tecnología. Investigadores y expertos, incluyendo a la Premio Nobel de Medicina Katalin Karikó y el profesor Ignacio Melero, destacan que las terapias personalizadas, especialmente cuando se combinan con inmunomodulación, están destinadas a dominar el futuro de los tratamientos oncológicos, marcando un nuevo capítulo en la medicina del cáncer.
Los resultados actuales preliminares justifican la dirección hacia la consolidación de esta herramienta terapéutica clave en la lucha contra el cáncer devastador. En mayo, un paciente en Inglaterra fue el primero en recibir un tratamiento en el marco del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido (NHS). Este tratamiento pionero, desarrollado por la biofarmacéutica Genentech, utiliza tecnología para identificar mutaciones en el paciente, lo que permite la creación de un tratamiento individualizado. La inyección tiene como objetivo ayudar al paciente a reconocer las células cancerosas restantes tras la cirugía. Este procedimiento se llevó a cabo en el Hospital Queen Elizabeth de Birmingham, y se espera que, si tiene éxito, beneficie a miles de personas en el futuro.

