Jair López y su familia han transformado su vida viajando por América del Sur en una casa rodante, buscando nuevas experiencias y conexión con la naturaleza.
Jair López, de 45 años, junto a su esposa Ana Sánchez, su hijo Eder y su perra Huayra, han dejado atrás la vida sedentaria para embarcarse en una aventura nómada por América del Sur. La familia española, que entró a Chile por Arica el 7 de diciembre de 2024, inicialmente planeó un viaje de unos meses, pero se ha quedado en el país por más de un año, cruzando a Buenos Aires a mediados de enero de 2026. Este proyecto, que han denominado “Nomadawana”, ha transformado su perspectiva de vida, especialmente su experiencia en Chile, que consideran un cambio significativo en sus vidas.
López, quien trabajó en la televisión española como musicalizador y tenía su propio estudio de grabación, decidió hace más de una década dejar su carrera y vender todas sus pertenencias para explorar el mundo. “La vida se pasa bien rápido”, reflexiona. Conoció a Ana a los 16 años, pero formalizaron su relación a los 34. Juntos han vivido diversas experiencias, incluyendo un exitoso emprendimiento en Perú, donde se convirtieron en los mayores exportadores de jengibre y cúrcuma deshidratada.
La pandemia los llevó a replantearse su vida, y así, construyeron su casa rodante con sus propias manos. “Corté el coche por la mitad”, recuerda Jair, quien se siente rejuvenecido por las experiencias vividas en su viaje. A lo largo de estos años, ha aprendido que la juventud se mantiene a través del aprendizaje y la apertura a nuevas realidades. “Parece una tontería, pero cuando uno está fuera de todo prejuicio y va con el corazón abierto, recibe mucho más de lo que se le quita”, añade.
Durante su estancia en Chile, la familia ha disfrutado de la belleza natural del país, destacando su seguridad y la cercanía de los paisajes. “Chile tiene mucha naturaleza y creo que no solo es para el disfrute de los chilenos, sino que es para toda la humanidad”, enfatiza. Han explorado lugares como el río Baker en la Región de Aysén y practicado parapente en Caleta Hornos, donde vivieron momentos inolvidables.
En cuanto a su vida cotidiana, Jair menciona que se cuidan en temas de salud y que Eder recibe educación a través de home school, donde Ana, que es profesora, fomenta su curiosidad. “Siempre pensamos que el viaje era para enseñarle a Eder que existe naturaleza y que si la conoce, entenderá que la querrá cuidar”, explica.
La familia ha encontrado en su travesía una riqueza diferente, basada en las conexiones humanas y la amabilidad de las personas que han conocido. “No sé si es suerte o es la energía que uno lleva”, concluye Jair, quien anima a otros a viajar sin necesidad de grandes presupuestos, ya que ellos comenzaron su aventura con muy poco y han encontrado apoyo en la comunidad a lo largo de su camino.

