Alain Delon, el carismático actor francés, falleció a los 88 años. Su legado en el cine y su aura de lobo solitario perdurarán en la memoria.
Alain Delon, quien falleció el domingo a la edad de 88 años, es reconocido como uno de los actores franceses más carismáticos y célebres en la historia del cine. Su imagen, marcada por un aura de lobo solitario, lo acompañó a lo largo de su vida. En una de sus citas más memorables, expresó: “Me gusta que me amen como yo amo a mí”. Delon tenía una forma particular de hablar de sí mismo, a menudo en tercera persona, y su enfoque hacia la vida y su carrera era de una intensidad desmesurada.
A lo largo de su trayectoria, Delon se vio envuelto en numerosas controversias, que incluían disputas familiares y declaraciones contradictorias sobre su carrera y sus relaciones con las mujeres. Su versatilidad le permitió interpretar tanto a príncipes apuestos como a gánsteres indomables, trabajando con algunos de los más destacados directores del séptimo arte. Su poder de atracción ha sido comparado con el de Rodolfo Valentino, y algunos lo consideraron una versión francesa de James Dean. Durante su vida, fue el compañero de varias bellezas del cine, incluyendo a Romy Schneider, Claudia Cardinale, Simone Signoret y Mireille Darc.
Delon se destacó como un actor meticuloso frente a la cámara, y su magnetismo ha sido comparado con el de figuras icónicas como Marilyn Monroe y Brigitte Bardot. A pesar de haber robado miles de corazones a lo largo de su carrera, su muerte lo encontró en soledad. En una entrevista con el semanario Paris Match en 2018, afirmó: “No digo que no haya candidatas. Hay diez, pero ninguna de ellas conviene para acabar mi vida”. Sin embargo, seis años después, logró cambiar esa perspectiva.
Su imagen, marcada por una cabellera plateada y una pose misántropa, reflejaba su experiencia de gloria, que eventualmente se tornó en hastío, ya que sentía que coartaba su libertad. “Estaba programado para el éxito, la felicidad. Son dos cosas incompatibles”, comentó en una ocasión. A lo largo de su carrera, participó en cerca de 90 películas, y en un tono reflexivo, mencionó: “Sólo faltó hacer el papel de Cristo. Ahora ya es poco tarde”. Sin embargo, en sus últimos años, había perdido el interés por la actuación. “Me importa poco. Lo he visto todo. Pero todo, odio esta época, da ganas de vomitar”, confesó. También admitió que, desde su perspectiva, no había logrado nada trascendental en su carrera: “Yo nada. Dejé la escuela a los 14 años (…) Soy una personalidad fuerte que me metieron en el cine. Y puedo decir, sin falsa modestia, que logré”.
Delon residía en Douchy, en el centro de Francia. La noticia de su fallecimiento fue anunciada por sus tres hijos, Fabien, Anouchka y Anthony, quienes emitieron un comunicado expresando su profundo pesar por la pérdida de su padre. En el comunicado se indicó: “Fabien, Anouchka, (su perro) Loubo anuncian el fallecimiento. Murió en paz en su casa de Douchy, rodeado de sus hijos y familia”. La mención de su mascota fue un detalle significativo, ya que en otras ocasiones había revelado su deseo de ser enterrado junto a sus perros en la capilla de su legendario château, que adquirió en 1971 y donde tiene un lugar reservado para ese día.
Alain Delon había estado esperando este momento, casi como si hubiera estado muerto en vida. “Sé que dejaré este mundo y no lo lamentaré”, expresó en varias ocasiones, mostrando su desprecio por los tiempos modernos. Nacido el 8 de noviembre de 1935 en Sceaux, cerca de París, tuvo una infancia inestable marcada por el divorcio de sus padres y su posterior servicio en la guerra de Indochina como infante de marina. Tras su regreso, se vio obligado a realizar múltiples trabajos ocasionales en el mercado central de la capital, un lugar frecuentado por proxenetas, prostitutas y maleantes. En una entrevista de 2021, confesó: “He tenido muchos contactos con el gangsterismo, rocé dedos”, aunque también añadió que “siempre preferí a los policías”.
Su elegante porte y su mirada azul, que le valieron el apodo de “rostro de ángel”, no pasaron desapercibidos en el distinguido barrio parisino de Saint-Germain-des-Près, donde comenzó a ser conocido. El cineasta Jean-Claude Brialy se sintió atraído por su encanto y lo invitó al Festival de Cannes. A lo largo de su carrera, trabajó con directores de renombre como Melville, Visconti, Antonioni, Losey, Godard y Malle. Hizo su debut en la pantalla en 1957 con “Quand femme s’en mêle”, de Yves Allégret, y se convirtió en uno de los grandes intérpretes bajo la dirección de Luchino Visconti, quien se convirtió en su verdadero pigmalión, capaz de detectar y desarrollar su inteligencia y potencial.
Entre sus obras más destacadas se encuentran “Rocco y sus hermanos” y “El gatopardo”, que son consideradas cumbres de su carrera. En Italia, participó en “El eclipse” de Michelangelo Antonioni, donde compuso papeles memorables, así como en “El círculo rojo” y “Le Samouraï” de Jean-Pierre Melville. En el teatro, se destacó en “Lástima que sea una p…”, una producción en la que coprotagonizó junto a Romy Schneider, con quien mantuvo una larga relación.
Con “Borsalino”, de Jacques Deray, alcanzó grandes triunfos en 1974, y Jean-Paul Belmondo, otro ícono del cine francés, lo despidió conmovido el 10 de septiembre de 2021, cuando se celebró el funeral de este otro monstruo del cine. Algunos críticos exploraron las facetas complejas de su éxito, como en su interpretación del enigmático protagonista de “El señor Klein” (1976) de Volker Schlöndorff, y su papel como el barón Charlus, un aristócrata homosexual en “Un amor de Swann” (1984), adaptación de la obra de Marcel Proust.

