El uso de dispositivos electrónicos antes de dormir se ha convertido en una práctica común, a pesar de las advertencias de los expertos sobre los riesgos que conlleva. Un reciente estudio realizado en Noruega, que incluyó a 45,202 adultos jóvenes, ha revelado que cada hora adicional frente a la pantalla se asocia con un aumento del 59% en el riesgo de insomnio y una reducción de 24 minutos en la duración del sueño. Este estudio fue publicado en la revista científica Frontiers in Psychiatry y destaca que no solo las redes sociales son responsables de estos efectos negativos, sino que también actividades como ver películas, jugar videojuegos e incluso leer en tabletas están relacionadas con un sueño deficiente.
Impacto de las pantallas en el sueño
La doctora Sofía Luján, neuróloga y miembro de la Unidad de Medicina del Sueño de Fleni, explicó en una entrevista con Infobae que “la explicación podría tener distintas dimensiones”. Luján menciona que el uso de pantallas puede llevar a la procrastinación del horario de dormir, lo que a su vez “desplaza directamente el inicio del sueño”. Además, la luz emitida por estos dispositivos afecta la secreción de melatonina, la hormona que regula el sueño, alterando así los mecanismos naturales que inducen el descanso. La neuróloga también señaló que ciertos contenidos consumidos pueden resultar “activantes”, dificultando la conciliación del sueño.
Por su parte, Stella Maris Valiensi, neuróloga a cargo de la Sección de Sueño del Hospital Italiano de Buenos Aires y autora del libro La ruta del hospital, describió la hipótesis de que el exceso de estimulación cerebral antes de dormir puede ser perjudicial. Valiensi explicó que “la exposición a pantallas inhibe la producción de melatonina” y que este hábito interfiere con los ritmos circadianos, aumentando la estimulación y manteniendo a las personas en un estado de alerta y vigilancia.
Resultados del estudio noruego
El estudio noruego, que se basó en la encuesta Salud y Bienestar Estudiantes 2022, incluyó a estudiantes de grados superiores, con edades entre 18 y 28 años. Los investigadores recopilaron datos sobre los hábitos de uso de pantallas de los participantes, quienes detallaron el tiempo que pasaban frente a sus teléfonos y las horas de vigilia, así como las posibles dificultades para conciliar el sueño. A partir de los resultados obtenidos, se encontró que muchos de los participantes sufrían trastornos del sueño debido a sus hábitos de acostarse tarde.
El equipo de investigación clasificó las respuestas en tres grupos: aquellos que solo mencionaban el uso de pantallas, otro grupo que indicaba el uso de pantallas y otras actividades, y un tercer grupo que incluía varias actividades, incluidas las redes sociales. Se observó que el uso de pantallas aumentaba las probabilidades de experimentar trastornos del sueño y que la duración del sueño se reducía. Sin embargo, los investigadores subrayaron que, aunque se establece una correlación entre el uso de pantallas y los problemas de sueño, no se puede confirmar que uno cause el otro.
Consecuencias a largo plazo y recomendaciones
La doctora Luján destacó que este hallazgo es sorprendente, ya que se esperaría que el contenido consumido fuera un disruptor del sueño. Añadió que una de las explicaciones podría ser que algunas personas utilizan el contenido de las pantallas para desviar su atención de preocupaciones y pensamientos rumiantes, especialmente antes de dormir. La higiene del sueño se ha convertido en una rutina cotidiana para muchos, lo que puede generar una sensación de comodidad que ayuda a relajarse antes de dormir.
En el corto plazo, el uso excesivo de pantallas puede causar cansancio durante el día, pero a largo plazo, la falta de sueño puede llevar a problemas de salud más graves, como enfermedades cardíacas, hipertensión, diabetes, obesidad, ansiedad y depresión. La Fundación de Estados Unidos recomienda que los adultos duerman entre 7 y 9 horas por noche.
Una recomendación importante es limitar el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir. “Idealmente, se debería dejar de usar dispositivos electrónicos entre 30 y 60 minutos antes de acostarse”, sugirió Luján. También es beneficioso mantener los dispositivos en modo silencioso durante la noche para evitar interrupciones y microdespertares.
Además, se aconseja buscar aplicaciones que ajusten la luz de la pantalla a escalas de grises, ya que “la luz brillante y reluciente puede disminuir el incentivo para seguir recibiendo información, volviéndose más atractiva y divertida”. También se recomienda apagar los dispositivos en el caso de los niños y establecer límites en el uso de tecnología.
Finalmente, es fundamental controlar el uso de dispositivos para cuidar nuestras relaciones personales. “La tecnología nos acerca a quienes están lejos, pero nos aleja de quienes tenemos cerca”, concluyó Luján.

