La inflamación es una respuesta fundamental del sistema inmunitario ante lesiones, infecciones y otros tipos de agresiones, desempeñando un papel clave en el proceso de sanación del organismo. Sin embargo, este mecanismo de defensa, aunque esencial para la protección y reparación de los tejidos, puede tener efectos adversos cuando no se regula adecuadamente. En este contexto, la inflamación presenta diferentes formas, y comprender sus implicaciones es crucial para entender cómo impacta en la salud.
Qué le pasa al cuerpo durante la inflamación
Cuando el cuerpo experimenta inflamación, se activa una respuesta defensiva que involucra diversas células. Según el doctor Robert H. Shmerling de Harvard Health Publishing, esta reacción protectora se desencadena ante la presencia de infecciones, lesiones o alergias. Durante este proceso, las células inmunitarias, como los neutrófilos y macrófagos, se movilizan rápidamente hacia la zona afectada para combatir la amenaza y reparar el tejido dañado.
La inflamación se caracteriza por la aparición de los signos clásicos de la inflamación: enrojecimiento, calor, hinchazón, dolor y pérdida de función.
Diferencias entre inflamación aguda y crónica
Las principales diferencias entre la inflamación aguda y la crónica son notables tanto en sus causas como en sus efectos sobre el cuerpo. La inflamación aguda es una respuesta inmediata y temporal a una infección. En esta fase, el cuerpo responde a la agresión para sanar el área afectada y eliminar cualquier patógeno o célula muerta. Este tipo de inflamación se manifiesta con síntomas evidentes como dolor y hinchazón, y está trabajando para restaurar el equilibrio en el área dañada. Generalmente, la inflamación aguda dura pocos días o semanas y desaparece una vez que la causa se ha resuelto. Además, la curación promueve la regeneración celular y de tejidos. En casos de heridas en la piel o infecciones bacterianas, la inflamación aguda asegura que se proteja la propagación de los tejidos dañados y se reparen.
Por otro lado, la inflamación crónica es un estado que persiste más allá de lo necesario, pudiendo durar meses o incluso años. Según la Cleveland Clinic, la inflamación crónica se asocia con enfermedades de larga duración como la artritis reumatoide, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cáncer. Este tipo de inflamación se resuelve de manera insidiosa y puede aparecer de forma gradual. Aunque la inflamación es protectora, la inflamación crónica tiende a generar daño en lugar de beneficio. En lugar de promover la curación, puede dañar tejidos sanos del cuerpo, continuando activada sin una justificación externa.
La inflamación crónica también está relacionada con condiciones como la obesidad, el estrés prolongado y la exposición continua a toxinas, que son factores que perpetúan el estado inflamatorio.
Diferencias clave entre inflamación aguda y crónica
Las diferencias clave entre la inflamación aguda y la crónica incluyen:
- Duración: La inflamación aguda es temporal, mientras que la crónica persiste durante largos períodos.
- Causa: La inflamación aguda es provocada por una agresión inmediata, mientras que la crónica puede ser el resultado de factores prolongados.
- Síntomas: La inflamación aguda presenta síntomas evidentes, mientras que la crónica puede ser más insidiosa y menos evidente.
- Efectos: La inflamación aguda promueve la curación, mientras que la crónica puede causar daño a los tejidos sanos.
La inflamación es, por tanto, un proceso complejo que juega un papel crucial en la respuesta del cuerpo a las agresiones, y su regulación es fundamental para mantener la salud.

