La reforma, que modifica la Ley de Control del Cannabis, autoriza el uso de fármacos derivados del cannabis en tratamientos médicos más extensos, siguiendo el ejemplo de otras regiones como Europa y Estados Unidos. Estos fármacos han demostrado ser efectivos en el tratamiento de diversas enfermedades, como la epilepsia refractaria.
Asimismo, la reforma también legaliza el cultivo de cannabis para propósitos específicos, como la obtención de materias primas necesarias para la fabricación de estos medicamentos. La reforma entrará en vigor un año después de su promulgación, e introduce medidas más severas sobre el cannabis y el tetrahidrocannabinol (THC), considerándolos como narcóticos y sancionando su posesión, traspaso o consumo recreativo.
La decisión de endurecer las medidas sobre estas sustancias se debe en parte a la tradición del cultivo de cannabis en Japón, utilizado históricamente en una variedad de usos, incluyendo ritos religiosos y la elaboración de productos como ropa y condimentos alimenticios. Sin embargo, ante el aumento de arrestos relacionados con la marihuana, especialmente entre los jóvenes, el gobierno japonés ha decidido implementar estas nuevas medidas.
¿Qué pasa en Chile?
En Chile, por otro lado, la situación legal respecto al cannabis está en proceso de revisión. El gobierno actual de Chile, liderado por el presidente Gabriel Boric, ha incluido la regulación del uso adulto de cannabis en su programa de políticas de drogas.
La Ley 20.000 en Chile, que penaliza el tráfico de drogas, no castiga el consumo personal de drogas, pero no define criterios claros para distinguir entre usuario y traficante. Un grupo de diputadas y diputados en Chile, encabezado por la diputada Ana María Gazmuri, está impulsando una iniciativa para modificar la legislación actual, con el fin de alejar a los consumidores de cannabis de las redes del narcotráfico, argumentando que la persecución actual se centra desproporcionadamente en usuarios de cannabis en lugar de en delitos de tráfico y microtráfico.

